Exoplaneta

Volaba la cerveza libre de su vaso buscando cuerpos donde derramarse, mientras yo volaba de regreso de Barcelona, con la mochila repleta de ganas e impaciencia. Volvió en sí la cobertura que perdí en los cielos, trayendo consigo todos los mensajes y vídeos de golpe. Escenas y sonidos de una fiesta que no me esperó, pero a la que me sumé igualmente entre abrazos y besos. Volví a sentir el calor de la amistad, del amor. El regreso a todo lo que fue no hace tanto. A cantar juntos, a saltar juntos, a beber juntos. Litros de felicidad y chupitos de sonrisas, mientras el escenario atronaba de nuevo sin mascarillas, por fin. La música devuelta a la vida, atravesándonos, recargándonos, haciéndonos sentir felices otra vez más. Así llegamos hasta la Casa Azul, y todo reventó. Amigos de una y otra parte, incluido Sergio, ese Indie en Granada que vive en Barcelona, bailando todos, dejándonos las gargantas, porque era “El momento”, y mientras nos contaban el “Final del amor eterno”, descubrimos que “Podría ser peor” sino fuera por “La revolución sexual”. Hubo más, mucho más, entre un espectáculo de luces, buen sonido y una pantalla gigante que vistió de imágenes las letras de sus canciones convirtiendo su concierto en un verdadero espectáculo. Acabamos volando, por mucho que nos dijeran, que “Nunca nadie pudo volar”. Y aun faltaba lo mejor…

Despertó el sábado sin dormir para algunos y empezamos como buenos granaínos, entre cerveza y tapas, para reponer fuerzas y encarar el segundo asalto de este Órbita. Arrancamos con Delaporte, a pesar de los problemas técnicos, y ni el sol ni la calor nos impidió volver a saltar y cantar. Los vasos nunca estuvieron vacíos ni nuestras ganas agotadas, y volvimos a juntarnos los amigos, sellando día a día nuestra unión. Quizás no se entienda lo que digo sino tienes amigos como los que tengo. Y llegó la hora de que Bogotá ardiera. Arrancaron como los grandes en el escenario pequeño, y su voz atronó entre aquellas paredes, transportándonos a su propio “Exoplaneta” y nos apartó del mundo por un rato. No, no era la nueva Cartagena, pero se sintieron como en casa. Guitarras para dar potencia a su música y muy buena batería para no perder el ritmo. Nos sabíamos las canciones al dedillo y supieron llevarnos «A lo oscuro» por el lado de la locura desde el principio hasta el final. “Milennial” para mi hijo, como no podía ser de otro modo, “Dangerous” para mí, “Quiero casarme contigo” para Amanda. Canciones para todos con mucha “Virtud y castigo”, con la que les obligamos a retomar el estribillo. Arde Bogotá, lo mejor de este Órbita sin duda. Cerraron con su reflexión, esa que todos sabemos: “Te van a hacer cambiar el tiempo y la actitud”. O por lo menos, lo intentaran, porque por mucho que deambules y divagues, siempre volverás al mismo sitio, como nosotros volveremos a nuestros exoplanetas, a nuestros festivales y conciertos.

PD: A mis amigos, de ahora y de siempre. Hemos vuelto para no volver a irnos. Os quiero, siempre.

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