Cíclico

Ahora sí que me había encontrado. Eso creías por enésima vez, y por enésima vez más una, te habías vuelto a equivocar.  Volviste a levantarte enmarañado en tus dudas. Esas dudas que aparecen pegadas a uno, como las legañas a los ojos, impidiendo ver bien hasta que no te lavas la cara. Despiertas y piensas en la pereza de los días, en el cansancio que acumulas por las obligaciones, por tener que aguantar lo que no quieres aguantar y no sabes porque lo aguantas. Por tener que madrugar más de lo que te gustaría, y es que no te gusta nada. Por las voces del vecino. Por las malas noticias del noticiario. En resumen, porque no terminas de ser feliz. Ni terminas, ni empiezas. Entonces piensas que necesitas un descanso, evadirte unos días y encontrar lejos y fuera, las respuestas que buscas. Imaginas entonces una escapada, tal vez un retiro, comida china para cenar y libros de autoayuda. Pero los días siguen enmarañados, como tus pensamientos. Quieres y no puedes. En realidad si puedes, pero no quieres. Y entras de nuevo en la rueda que nunca deja de girar. Vuelves a encontrarte donde estabas, pensando en la pereza de los días, cansado por las obligaciones, y aguantando lo que no quieres aguantar. Vuelves a darte cuenta de que sigues sin encontrarte, cuando pensabas que lo habías hecho, y sigues sin ser feliz. Toda la vida buscando y sigues sin encontrar. Pero como todo es cíclico, seguirás intentándolo, porque tus dudas siguen enmarañadas, tu cansancio aumenta…

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