12 años ya y otro año más sin ti. Al final van a llevar razón cuando dicen que el tiempo lo cura todo, incluso la culpabilidad y el odio. Es un pesado equipaje, del que es mejor irse deshaciendo. Pero es complicado hacerlo de golpe, porque la maleta no suele coger por la ventana cuando quieres lazarla, ni puedes abandonarla en cualquier rincón porque acabas tropezando con ella. Así que lo mejor es tirar poco a poco el peso que llevaba. Año tras año, digiriendo, comprendiendo y perdonando, deshaciéndome de la maldita carga antes de que acabara conmigo. Y llegado este punto, después de los suspensivos dejados atrás, tras tantas lágrimas y dolor, afloran sonrisas al pensar en ti, recuerdos envueltos en belleza por el padre que fuiste, el de la música, el de la lectura, el de la escritura, el de los viajes. Dejo atrás el retrato difuminado de la marioneta sin control en que te convertiste, los dardos envenenados y las palabras dañinas que nos lanzamos cuando no entendíamos nada. Era complicado, nosotros intentándolo y tú no, cuando eras tú el que tenías que hacerlo, y a pesar de todo, y aunque no lo pareciera, te quería, como te quiero ahora. Ha llegado Mario, ampliando la familia, sumando y uniendo. Cinco nietos para el abuelo y una historia que contar. Procuraré que sea lo más justa y bonita. Y ahora puedes descansar tranquilo porque justo cuando el mundo apriete, estaremos ahí, unidos, para cuidar que no nos pase nada, y decirnos los unos a los otros, “puedes agarrarte a mi”.
PD: A ti papá, otro año más. Ya me encargo de que ni tu recuerdo ni la familia, desaparezca.