A pesar de todo

Terminó la tregua, si es que alguna vez la hubo. Va tomando posiciones la oposición en esta crisis, y asoma ya el mazo que escondían tras sus espaldas. Hemos podido ver, como PP y VOX, sobre todo ellos, en el Congreso de los diputados, no escatiman críticas a la gestión del gobierno en esta crisis. Falta de previsión, falta de transparencia, ocultación, acusaciones sin pruebas y un sinfín de ataques, para demostrar a los suyos, quién está más a la derecha y tratar así de demostrar, que la izquierda nunca sabe hacer bien las cosas. Lo peor de todo esto, es que sus proposiciones para atajar la crisis, son: funeral de Estado para las víctimas de Covid 19 y banderas a media asta, en memoria de ellos. Patético.
Para poner todo esto en su justa medida, cabe no olvidar ciertas cosas. Acusan de no prever la llegada del Coronavirus cuando todos (ellos) sabían lo que iba a ocurrir. Supongo, que todas y cada una de las comunidades donde ellos gobiernan lo vieron venir y tomaron medidas, a saber y por poner un ejemplo, Madrid y Andalucía, dos de las tres comunidades que mas contagiados tienen a esta hora. No podemos olvidar tampoco, los recortes en Sanidad aplicados por gobiernos del PP, en los años en los que gobernaron, más aun, en las comunidades bajo su dirección, y Madrid, de nuevo, vuelve a ser ejemplo. Su ímpetu por privatizar, ha llevado a esta comunidad, a construir hospitales con dinero público que luego han “caído» en manos privadas. Esperanza Aguirre y quien la apoyó, hizo un buen trabajo, y hoy, tienen menos camas de hospital, que hace 10 años. Aun recuerdo aquellas mareas blancas y verdes, y la sanidad en la calle, pidiendo mejoras. Y es que de aquellos recortes, estos lodos…
Y ahora salen a escena las Cayetanas y los Teodoros, la avanzadilla del PP, a dar estopa, a la crítica mentirosa y sibilina, para continuar la estrategia de acoso y derribo a Pedro Sánchez. No aceptan, que tras tres elecciones perdidas, no sean ellos los que gobiernen. Puede ser que el gobierno no lo haya ni lo esté haciendo todo perfecto y se estén cometiendo errores, quien no los tendría con una crisis como esta. Pero ahora toca arrimar el hombro, sin peros, sin excusas, sin otras razones que no sean la de acabar con este virus lo antes posible. Luego, se dirimirán las culpas, y se exigirán responsabilidades.
Y a pesar de todo, a pesar de la nula catadura moral y la baja sensibilidad política, que les impide hacer más a este tipo de políticos, saldremos de esta, más fuertes, más unidos, y nosotros, más decentes.

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Estúpidos

Ahora que tenemos más tiempo de ver y oír, y sobre todo, de prestar atención, sorprenden mucho, las actitudes de muchas personas. Mientras unas nos afanamos en cumplir las normas, como siempre hemos hecho, otros, se pasan por el forro cualquier tipo de orden que haya que cumplir, como siempre habrán hecho también. Y en este estado de alarma, lo que antes podríamos catalogar de chiquilladas, e incluso, hacernos hasta gracia, ahora se vuelve una irresponsabilidad y un atentado contra la vida de todos y cada uno de nosotros. Ver a gente pasear peluches o disfrazados de dinosaurios, es una payasada en los momentos que corren y ponen en riesgo vidas. Escuchar que en días como estos, los fraudes y delitos, a costa del coronavirus, afloran, tratando de engañar a la gente confinada, nos habla de un tipo de personas, carentes totalmente de moral. Más aún sorprende, conocer que una cadena privada de hospitales, manda circulares a sus empleados, recomendándoles que tomen vacaciones mientras dure todo esto, para abaratar costes. Querer restar sanidad, cuando más se necesita, porque sus cuentas no cuadran, debería considerarse un delito. Lo mismo que aquellas que anteponen la atención a sus clientes a la salud de sus trabajadores, alargando sus jornadas laborales más allá del horario estipulado, poniendo así en riesgo su salud, más tiempo del necesario. Antes era una ilegalidad, ahora además, es una irresponsabilidad. Bares y gimnasios clandestinos, ciclistas y conductores a la fuga, un sinfín de personas, que aun no han entendido la situación en la que nos encontramos. Y es que, ya lo dijo Albert Einstein: “Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo».

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Pensar

Encerrado y solo, y me da por pensar…
Pensar, en la cantidad de gente que sabía lo que iba a pasar (eso dicen ellos) y que no dijeron nada, dejándonos en manos de este maldito virus, que ha destruido nuestras rutinas y ya veremos que más cosas.
Pensar, en todos aquellos, que una vez llegada la catástrofe, critican lo que se hace, sea lo que sea, y en vez de arrimar el hombro para salir lo antes posible, ponen zancadillas a la esperanza de los que deseamos que todo esto pase rápido, y pensamos que ya habrá tiempo de pedir explicaciones. Suelen ser los mismos, los primeros y los segundos.
Pensar, en los que siempre esconden tras las palabras de apoyo, una colleja. Y no quiero ser malpensado, pero resultaría deleznable, incluso inmoral, que todo estuviera planificado y, sobre todo, que estuvieran gastando más energías en intentar acabar con un presidente, que en salvar las vidas de su país.
Pensar y pensar, en todos aquellos que pasan el encierro solos, sin pareja, sin hijos, sin familiares. Solos. Y pienso, que quizás, como yo, correteen sombras por la casa y persigan recuerdos, en un anhelo de que se hagan realidad sólo un instante, para poder abrazar a alguien, y que te tranquilice, diciéndote que no estás solo. Pero sólo son eso, deseos.
Y también pienso en todos vosotros. Por eso, si me aceptáis un consejo, y tomo prestadas unas palabras de Iñaki Gabilondo, “guardemos en un cajón los abrazos que no podemos dar, para cuando todo esto termine, porque nos harán falta”.
Encerrado, solo y pensando. Mala combinación…

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Un mundo nuevo

Llegó la primavera. El cielo gris, plomizo lo envuelve todo y la lluvia se reparte por algunas zonas, intentando mojar a una gente que no encuentra, porque no pueden, ni deben, salir de sus casas. El silencio reina, majestuoso, por todas las calles de las ciudades, fantasmagóricas en algunos momentos, tristes la mayoría del tiempo. El virus invisible, titánico, intenta acabar con las esperanzas de una humanidad, que se sentía segura con su forma de vida, acostumbrada a una forma de vivir, en la que no se planteaba si era la más correcta o no. La globalización es sólo un palabra, porque la realidad es que nadie miraba por nadie. Egoístas consumados, construyendo un mundo sobre las bases de la desigualdad y la destrucción cada vez acelerada, de la Tierra que habitamos. Había señales de alarma, y no quisimos hacer caso. Las relaciones interpersonales han ido perdiendo valor, centrando todas nuestras energías en el trabajo y obligaciones. Los abrazos, las caricias y los besos, estaban infravalorados, y relegamos a la gente que nos importa, al último lugar. Todo es más importante que las personas. Cualquier cosa es más importante que la vida, sin darnos cuenta, que precisamente, es la vida, lo que debemos cuidar si queremos ser felices. El encierro nos está obligando a no besar, a no abrazar, a no acariciar, gestos que nos mantenían vivos sin saberlo. La contaminación ha caído y las ciudades están mucho más limpias. Se ha encargado la naturaleza de hacer un pequeño reset, que nosotros no hemos sido capaces de hacer, y tras él, nos espera un nuevo mundo, en todos los sentidos. Seremos capaces de aprender…?

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Tu guarida

Ahora te pido que te alejes, que hagas como hacen todos, refúgiate y espera. Imploro tu compromiso, que aceptes tu parte de responsabilidad y aguardes. Mantente firme en tu trinchera, haciendo guardia, día tras día, para que la enfermedad no traspase nuestras líneas. Viene de muy lejos y no da tregua. Se alimenta de todos y cada uno de nosotros, por eso debemos cerrarle la puerta. Desgastarla, hasta que muera de hambre. Aburrirla, hasta que no encuentre huésped donde habitar, sin opciones, sin piedad. Porque así se ganan las grandes batallas, con esfuerzo y sacrificio. Por eso ahora te pido, que si de verdad me quieres y quieres cuidar de mí, cuida sobre todo de ti. Porque estamos en ese momento en el que debemos olvidar, el tú y el yo, y abrigar al nosotros. Porque esto va de todos y para todos. Por eso te pido, que si de verdad te importo, haz acopio de paciencia, llévate durante un tiempo mi recuerdo y mi amor, y no salgas de tu guarida.

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14

Te recuerdo, pequeño, indefenso, amarrado a una vida, que ya nada más nacer, te lo quiso poner difícil. Pero a base de esfuerzo, sobre todo por tu parte, y de amor, todo el que la mami y yo te pudimos dar, sobreviviste y creciste. Tus hoyuelos en la cara, son el reflejo de la felicidad. Has sonreído desde siempre y te has conformado con lo que podíamos darte. Tal vez no ha sido todo lo que esperabas, pero hemos intentado que fuera lo mejor. Soñaba los fines de semana con Max Steel, con Código Lyoko, con Slagterra, y muchos más personajes de ficción, que hacían de nuestra realidad algo especial. Siempre pegado a mí, abrazado, y viendo como has pasado de perderte entre mis brazos, a no poder abarcarte en un abrazo. Has crecido y sobre todo madurado, aprendiendo desde muy pequeño, lo que está bien y lo que está mal, y procurando hacer siempre lo correcto. Se que has apretado los dientes y tragado con cosas que no te han gustado, y eso, te hace fuerte, mejor. Y me gusta. Me gusta la persona que se está forjando, el adolescente que aún sueña y juega con su Play, pero responsable. Has alcanzado los 14, acumulando vida, sumando experiencias, y la niñez se ha ido diluyendo. Este 23, alumbra un adolescente feliz, un hijo maravilloso, y una gran persona. Así que llegado a este punto, no se si felicitarte por tu cumpleaños o felicitarme yo, por el hijo que tengo.
PD: El buen camino, siempre tiene recompensa, y sigue así de feliz. Procuraré estar siempre a tu lado para ayudarte a lograrlo

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Manual de construcción

Todo termina con una demolición, o empieza, nunca se sabe. Construir una personalidad, fabricar quiénes seremos, no es un trabajo de un día, es una obra infinita, sino quieres dejar de crecer. Todo cuenta. Lo bueno y malo. El dolor y la alegría. Las ilusiones, cumplidas o no. El deseo, el miedo, el valor. Vas construyendo paredes, decorando y pintando, aumentando por años tu casa. Y lo que en un principio te valía, será desechado pasado un tiempo. Cambiarás, te transformarás, echando abajo todo lo edificado, y volverás a empezar. Sólo los cimientos sobrevivirán. La ética y los valores, mantendrán viva una edificación, que cambiará de forma, pero no de fondo. Planos y planes nos mantendrán vivos y cuerdos, y en ellos, encontraremos las razones, respuestas que aparecerán a la par, que más preguntas. Y volveremos a derribarlo todo. Somos el resultado de nuestros propios escombros, edificaciones que se alzan sobre nuestros fracasos. Prueba y error, el constante crecimiento personal para alcanzar la felicidad. También está la opción de conformarte llegado cierto punto, y ahí estancarte. Una opción tan válida como otra cualquiera, pero bastante más aburrida. Así que, si decides arriesgarte, ensuciarte, y ponerte a construir, no olvides el manual…

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Estados

Hemos olvidado cómo hacer las cosas en silencio. Mantener el anonimato es cómo no existir y no existir, duele. Que no te tengan en cuenta, hunde cada vez más en el olvido. Parece que si no publicas lo que haces a diario, es como sino lo hubieras hecho, y cuanta más gente lo sepa, más importancia tiene. Y es que la carnaza para cotillas, se ha puesto de moda. Información para quién quiere saber y satisfacción para el que la da. Las dos caras de la moneda, aunque suelen ser la misma gente, una y otra. Sabemos más de los demás que de nosotros mismos y hacemos más cosas por publicarlas, que por disfrutarlas de verdad. Si sales a correr, si vas de cervezas, si inflas la hucha, si estuviste en aquel famoso restaurante o si vienes de un concierto. Compartimos nuestras vidas sin reparo, sin restricciones, y nos escandalizamos si alguna información es errónea. Porque cada uno saca sus conclusiones de lo que ve, y lo que tú colgaste con una intención, ni por asomo se parece al resultado final. Mostramos a nuestros hijos sin reparo en el escaparate de cualquiera, nuestros viajes y nuestros sentimientos. Intentamos dar la clave de cómo nos sentimos y nadie nos entiende. Buscamos las respuestas en la opinión de los demás, aún sin saber que pensaran, aunque un solo mensaje de conformidad nos basta. Damos el control de nuestras vidas a otros, porque nosotros no le encontramos el sentido. En fin, somos cotillas por naturaleza, y estúpidos. Y ahora toca dormir, no sin antes echar un vistazo a los estados…

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«Sigo aquí»

Respiro, y aún mejor, vivo. Aquella pequeña vibración, aquel temblor inaudible fue cogiendo fuerza, creciendo bajo mis pies e hizo estallar sobre mí, el Universo y sus entrañas. Una reacción en cadena que voló mi mundo, destrozó mi alrededor tal y como lo conocía, y me obligó a empezar de nuevo. Una decisión tras otra, los pasos hacía el abismo no cesaban, sin frenos y sin paracaídas. El miedo como compañero y la desesperanza como aliada. Compañías poco recomendables para un viaje a los infiernos. Y el último empujón, el del desamor, el tercero en discordia y el que clavó la puñalada más certera. No quedó nada de mí, nada. Ni luces, ni sombras, ni ganas, ni siquiera recuerdos. Un alma en caída libre hacía su propia destrucción. Días martilleando una cabeza que ya no quería pensar dentro de un cuerpo al que no le apetecía respirar. El anhelo ahogando una vida carente de ilusiones. Un agujero negro en mitad de la nada, que se bebió mi luz. Había tocado fondo. Aplausos de unos pocos e inquietud de muchos. Pero lo mismo que empezó, terminó. Una pequeña vibración, un leve temblor, que devolvió lo robado: la luz y la vida. El Yin y el Yang manteniendo el pulso constante, para que el equilibrio no se pierda. Y de nuevo, el Ave Fénix sobrevolando vuestras cabezas, cenizas transformadas en vida.
Y a los que aplaudieron, “Sigo aquí, lo ves, lo veis…?”

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A traición

Da igual dónde vaya porque siempre están ahí. En los cajones apostados, en las estanterías recostados, en las paredes levitando. Aparecen sin avisar, así, de repente, y te encabritan. Tus cosas, aquí y allá, esperando el momento de aparecer, como por arte de magia, sacando tu recuerdo de las chistera, y atados por lazos invisibles, todos los sentimientos que acarrea. Y no son pocos, porque tampoco son pocas las cosas que han ido buscando acomodo aquí. Ropa, zapatos, cremas y colonia, y todos esos potingues con las que las mujeres soléis disfrazar vuestra cara. Puede sonar raro, pero aunque la distancia sea grande, tus pertenencias esparcidas por la casa, me unen más a ti. Y es que la ausencia y la soledad, no se mide en kilómetros. A veces bastan unos centímetros para describir un abismo. Y aunque mi olor no llegue esta noche hasta ti, te aseguro que me tienes muy cerca. Así que, últimamente, me asusta abrir cajones, destapar el armario o rebuscar en el zapatero, porque siempre apareces tú, y ya está bien, joder, que me pillas a traición…

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