Podría parecer un personaje de Dragon Ball, pero no, es el virus que vive entre nosotros. No dejo de pensar, como algo tan pequeño, ha hecho cambiar tanto nuestra forma de vivir. Las noticias más importantes caminan ahora por la senda de la incidencia, medida standard del contagio y que es la culpable de confinamientos o no, de cierres perimetrales, o no, o de llevar mascarilla, según el sitio dónde estemos. Nos hemos acostumbrado a mantener las distancias, a dosificar los abrazos, mucho más los besos. A guardar colas, a tener paciencia en ellas, a evitar sitios cerrados y buscar mucho más el aire libre. A palabras nuevas, como gel hidroalcohólico, como PCR, test de antígenos, carga viral, innumerables términos que siempre estuvieron ahí y que jamás salieron de nuestras bocas. Ahora conviven con nosotros, como convive el virus, como algo normal, aunque no lo sea. Han llegado con él nuevos cambios y avances, como las vacunas, la gran esperanza para sacudirnos esta pandemia. Que se las pongan o no, depende de cada uno, porque virus trajo consigo también, las teorías de la conspiración. Múltiples especulaciones del origen del virus, la búsqueda incansable de un culpable de esta pandemia, de los porqués, y más recientemente, de la efectividad de las vacunas y de su seguridad. El Covid ha traído consigo muchas cosas, pero para mí, la peor es el miedo. Ese miedo irracional de muchos a no saben qué, exactamente. A contagiar, a contagiarse, a salir, a no salir. A la disyuntiva constante de querer estar con alguien y a la vez no querer. A pensar constantemente que les pasará. En definitiva, miedo a vivir. Les ha atenazado, los ha debilitado mentalmente, hasta conseguir anularlos, hacerlos indecisos, incoherentes, cobardes. Hay unas normas que todos debemos seguir, y fuera de ahí, la vida sigue, porque esto pasará y la vida seguirá. Que quedará de nosotros cuando esto ocurra? Eso está en manos de cada uno de vosotros…