Ya queda lejos, lo que parecía inacabable llegó a su fin, y quedó atrás tras cientos de kilómetros y toneladas de asfalto. Montañas de recuerdos, para no olvidar otra montaña en la que convivimos una semana, entre noches y mañanas que manejábamos a nuestro antojo, haciendo oidos sordos del tiempo. Los planes surgieron solos, dejando las obligaciones para otros, pendientes sólo, de disfrutar sin prisa y descansar sin descanso. Aún así hubo de todo. Antiguos parques de atracciones y modernos parques acuáticos. Rios por los que andar para descubrir tras el rastro del agua, de donde manaba la belleza de aquel lugar. Visitamos pueblos de película tan bellos como recordábamos de la tele y tan acogedores que no queríamos abandonarlos. Incluso hubo tiempo para un concierto, canciones retrasadas que al final recogieron su aplauso. Y en medio de todo, visitas, desayunos y cenas con el mar de fondo, y la calor auyentada por el aliento fresco de la montaña. Vacaciones especiales para todos que hemos disfrutado los unos de los otros, transformando una casa de paso, en el mejor de los hoteles…