Una nueva escenificación de la vergüenza. Allí donde las palabras pretenden suplir la inacción, la poca decencia de unos políticos que discuten por ayudar a un pueblo, que ni siquiera saben que existe. Dioses de los atrios, demonios del pueblo, vestidos de diferentes colores buscando un único objetivo, vivir en una mentira eterna sacándole al País todo lo que ellos necesitan para sobrevivir sin tener que hacer nada más, que chupar de los demás. Han creado su propio universo, en el que la política ya no sirve para lo que se inventó, acordar para mejorar, sino para urdir planes con los que enriquecerse. No les importamos nada. Están alejados de nosotros como de ellos. Suben a un atril a parlotear, sin tan siquiera intentar encontrar los puentes que puedan unirlos y así poder salvar lo que queda de este maltrecho país. Somos la escala más baja en su pirámide, sin merecer siquiera una ayuda de aquellos a los que elegimos en unas votaciones que cada vez están más desvirtuadas. No queremos regalos, sólo que se respeten los derechos más básicos de cualquier persona, pero eso está fuera de su alcance, porque si sus mentes cortas pudieran entender lo más sencillo, comprenderian, que llegar a consensos, no es claudicar de tus ideas. Pero las normas de la casa mandan, y es que están tan atrasados, que para ellos sigue siendo más importante su partido, que su país…