Catedrales

Vino el viento a recibirnos, soplando para volver a hacernos volar alto. Susurros de aire meciendo las banderolas pero incapaz de llevarse con él los besos y abrazos que nos dimos al reunirnos de nuevo. Si hay algo que me gusta de mi gente, es que da igual el tiempo que pasemos sin vernos, largo o corto, siempre nos recibimos con besos y abrazos. Pequeños gestos (para mi enormes) que condensan el cariño que nos profesamos. Volvimos a reunirnos alrededor de los cuatro djs en pos de otra noche de amistad, acompañando la ilusión de los creadores de magia, que desprendían luz y felicidad por los cuatro costados, viéndola reflejada en los rostros de los que nunca os fallamos. La música atravesando el silencio, girando sobre si misma y alimentando los corazones de los que bailábamos alrededor de una piscina que reflejaba el brillo de nuestros artistas. Dotamos de color a la noche y dimos de comer a nuestra felicidad. Todo quedó recogido por los ojos y la cámara de la otra artista: Anica. Porque da igual dónde se esconda la belleza, ella siempre la encuentra. Anoche fue eso y mucho más, otra victoria que sumar a nuestro paso por la vida. Un medallero que ampliamos con cada reunión, con cada quedada. Y es que este libro por mucho que lo leamos, nunca cansa y siempre nos sorprende. Dicen que en el universo mueren estrellas cada segundo, allí, en la distancia, en la lejanía, dónde no podemos verlas. Pero aquí, cerquita, rozándonos, nuestras estrellas brillan cada vez más. Pronto volveremos a reunirnos, y en ese momento, no olvidéis volver a abrazar, a besar, a demostrar el cariño que nos tenemos, porque esos pequeños gestos, “levantan catedrales”.

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