Dignos de confianza

Toca deshacer la madeja, destejer todo aquello que creíamos cierto y que a base de imponernos preguntas, nos obligamos a descubrir nuevas respuestas. Así nos sentamos a ver nuevas películas, emociones, pensamientos e ideas, escondidos tras unos fotogramas que pretenden arrancar esas dudas de las que querías desprenderte y no sabías como hacerlo. Nos topamos con un sinfín de personajes representando la vida misma, la materialidad y superficialidad que ahogan este mundo, transformándolo en algo feo y vulgar donde el sentimiento y la emoción se echaron a dormir dando paso a la mezquindad y sus horrores, el arte de aparentar sin tener en realidad nada que ofrecer. En su reflejo, los que buscan la respuesta correcta, una empresa de futuro y alguien válido con quién envejecer para así poder impregnar de vejez, una casa y sus olores. Todos buscan lo mismo, La Gran Belleza, aunque en sitios diferentes.
Abandono completo para buscar la libertad total. Dejar atrás la vida y sus gentes, creyendo que en la soledad se encuentra más fácil el propio “Yo”. Huir de la sociedad, de los cánones marcados y salir hacia lo salvaje, en una ruta por lo desconocido, tratando de probar lo puro del ser y la poca necesidad de nada para sobrevivir. Probarte por encima de todo para demostrar que la felicidad se encuentra en todos lados. Pero apartarse de la gente conlleva dejar de lado la humanidad, esa que nos guste o no, todos llevamos dentro. Ya se encarga la vida de hacernos daño, de hacernos fuertes, con cada pérdida, con cada traba, con cada decisión que nos obliga a tomar. Si, buscar la felicidad es una obligación pero “no es real sino es compartida”. Tratar mejor, ayudar a los demás y ser dignos de su confianza, son máximas que no debemos olvidar, pero para eso no hace falta huir tan lejos…

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