Regalos de la enfermedad. Porque no son sólo tumores, quistes adheridos a cualquier parte de tu cuerpo. Esas manchas negras que asoman en tus entrañas, y que se dejan ver, cuando ya es demasiado tarde. No hay síntomas, ni avisos, tan solo silencio a traición, porque cuando asoman, es que ya están ahí. Llegan para transformar tu vida, para llenarla de incertidumbre, de miedos, de dolor. Llegan para recordar que el tiempo ahora resta más rápido, que tu final se ha acercado tanto, que te darás de bruces con él, cuando menos lo esperes. Llegan para demostrar, que el remedio suele ser peor que la enfermedad, y que de todas formas, pocos escapan de sus garras. Y aun así, hay quiénes se aferran a la vida, entre quimio y radio, vomitando sus esperanzas, mientras su cabello desaparece. Todo para conseguir, un poquito más de tiempo, un rato más de vida. Suele pasar que el ánimo decae, producto de la medicación y del miedo, y se unen el sufrimiento físico con la pena del dolor de los que te quieren, al ver como te apagas. Y es ese miedo, el que termina matando, más, que la propia enfermedad. Algunos se aferran a sus ganas de vivir, y van más allá de los límites que les dieron. Otros desaparecen antes de tiempo, porque se rindieron antes de que la lucha comenzara. Duele, sí, pero vale la pena intentar saber, que ocurrirá, otro día más…
17/11/2020 Día internacional del cáncer de pulmón.
Para que nadie se rinda.