Eco…
Sonidos repetidos, saltando de recoveco en recoveco, transportada a lomos del silencio. El perfil de la montaña se recorta en la noche, al trasluz de un horizonte que parece iluminarse artificialmente dando forma al perfil de una sierra que se eleva a los pies de la playa. Desde aquí se dibujan contornos de hojas, se adivinan miles de árboles que dan de respirar al mundo, y si afinamos el oído, podríamos escuchar el susurro del mar, pidiendo a gritos que no le roben su brisa fresca. Y así acaba otro día, sentados al filo del mañana, planeando el próximo paso y gritando a la montaña para que nos devuelva nuestras propias voces, en un eco finito, que se apagada lentamente por la lejanía…