Incendios

Una túnica negra lo había envuelto todo. Regresamos de la diversión que nos aupó a montañas rusas en caídas vertiginosas, nos condujo entre pasadizos prehistóricos y de miedo, y nos empapó en descensos con frenos de agua. Dejamos atrás el bullicio conduciendo por carreteras nocturnas, escoltados por millares de farolas que imitaban a luciérnagas hasta llegar al deseado hogar. Acostamos a los dormidos y sentados bajo las estrellas recordamos historias y viajes, soñando con horizontes lejanos a los que ir o no ir, dependiendo de las ganas. Quedamos dos, susurrando palabras en un intento por comprender aquellos conatos de incendios que sino se apagan pronto, arrasarán gran parte de algunas vidas. Fueron como siempre bálsamo para las heridas aquellos consejos que nacen desde el corazón y que aunque en aquella oscuridad no pudo verse, se escucharon con atención…

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