El trayecto

Me gusta viajar. No lo hago tanto como me quisiera, pero me gusta. Diría que casi es una necesidad, aunque como tantas otras necesidades, queda aparcada tras las prioridades. Soñar lo diferente, respirar un aire que no es el tuyo, conocer nuevos horizontes, empaparte de aguas desconocidas, descifrar idiomas, perderte en una tierra que no es la tuya. Un avión que surca el cielo, un barco que deja su estela en el mar, un coche que devora kilómetros. Trayectos que acaban en destinos inciertos.

Lo cierto es, que ahora estoy embarcado en el viaje más importante: la vida. Ya llevo 50 años. Doblegando los días y poniéndolos a mis pies. Atacando los años, que como Titanes tratan de devorarme. Trazando líneas entre puntos tratando de encontrar el destino correcto. Puntos, que intento hacerlos suspensivos para que no tengan un final. Un sinfín de batallas, bregadas entre la alegría y la tristeza, pero con saldo final de incontable felicidad.

Y este viaje, siempre lo hice en compañía. En la vuestra. El sábado vinisteis a recordarme lo afortunado que soy de tener a tanta gente a mi lado. Gente que se preocupó, se preocupa y se preocupará de mí, esté dónde esté, sin importar el tiempo ni la distancia. Personas del pasado, tan presentes, que jamás se convertirán en recuerdo, y gente tan presente, que hacen que me olvide del olvido. Vosotr@s que me queréis, vosotr@s s los que quiero. Sois mis imprescindibles. Y aunque todavía no tenga claro “a donde ir”, si tengo claro con quién quiero compartir el trayecto.

Gracias por todos estos años a mi lado, por un sábado inolvidable y por hacerme sentir como me siento.

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