La Isla

No dejaban de mover sus aspas a mi paso, en un saludo que no cesa mientras quiera el viento, ni se transformaron en gigantes los molinos por mucho que lo deseara. Era un plan premeditado hace tiempo y cancelado unas cuantas veces, y todo, porque no era el momento. Pero el momento se hizo carne y viajé hacia la soledad de mis pensamientos, hacia la necesidad de respirar aire diferente o simplemente poder respirar. Hui, como hacen los cobardes y los necesitados, pero sólo parcialmente, que se que hay que regresar y quiero tener un lugar a donde hacerlo. Allí las voces cogieron forma, rellenando de carne y hueso la cara imaginaria de quien habla contigo casi a diario y así conocí a quien inició todo y a quienes ahora lo mantienen. Me regalaron amabilidad, compañía y nuevos puntos de vista traídos del extranjero. Hablamos de sus vidas y de la mía, uniendo puntos del Universo que hasta ayer parecían dispersos. Bajo el sol y el grito del viento nos despedimos hasta la próxima, porque supimos seguro que la haremos realidad y caminando volví a La Isla, única del mundo a la que no se llega nadando, blanca, impoluta, acogedora, familiar. Imagen y semejanza de sus creadores, los mismos que me llevaron de las mano a recorrer montañas, playas y castillos, mostrándome el pueblo a través de sus ojos. Me descubrieron historias del pasado, calas vírgenes y playas en las que quisiera morir para seguir haciendo honor a sus nombre. Y hubo más charlas, conversaciones de vida que te demuestran que la buenas personas sobreviven al infierno, y que siempre se encuentran donde memos te lo esperas. Duermo esta noche en La Isla, respirando hondo para guardar todo, lo más profundamente que pueda y así no olvidar recordar…

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