La primera mentira

Todos decimos la verdad, casi siempre. Es el miedo, o la inseguridad, o ambos, junto al conformismo, o el inconformismo. Vete tú a saber la verdadera razón. Quizás, no querer dañar al otro, cuando en realidad no queremos hacernos daño a nosotros mismos. Pero no se nace sabiendo mentir, se aprende con los años. Conforme crecemos y vamos dejando de lado la ingenuidad de creer que la vida es perfecta, descubrimos que para sobrevivir y vivir de manera más cómoda, es más fácil no decir la verdad, en algunas ocasiones. Porque si lo haces por defecto, si vives en la mentira constante, corres el riesgo de perder la noción de la realidad. Recuerdas la primera vez? Éramos sólo unos niños, que al llegar a la adolescencia, nos convertimos en maestros de esto que llaman mentir. Y con los años, lo incorporamos a nuestras vidas como algo natural. Ahora andamos urdiendo a diario, para hacer más creíble y real  nuestro día a día, y la de los demás, con mentiras piadosas que humanizan decentemente la estancia en nuestro mundo, y acallando nuestra conciencia, para tratar de creer nuestras propias mentiras, y ser más felices en el intento, o por lo menos, tratar de serlo. Se esconden tras ellas las decisiones que tomamos o las que no, y nos convencemos de que es lo correcto, aun sabiendo que no es así. Conciencias blanqueadas para tratar de dormir tranquilos, una noche más, intentando huir de lo que no es, para volver a una realidad en donde habite la felicidad. Nadie nos dijo jamás, lo verdad que había, tras la primera mentira…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solve : *
24 − 3 =