Manuela…

En un almacen,bajo los pies del mundo,el sol busca los recovecos por donde entrar y alumbrar un poco las horas que pasamos allí. Un griterio incesante de teléfonos pidiendo sin descanso plantas sanadoras y alimentos especiales. Estanterias en las que se apoyan toda clase de botes y cajas,articulos de ida y vuelta,que viajan sin pasaporte embalados en cajas que tenemos que inventar. Un caos ordenado de carreras,»bips» infinitos y precintos para sacar adelante unos pedidos que se hacen eternos al acabar el día. Estréss y agobio compartido que desaparece por un momento cuando de fondo suena Manuela,cantada por los rincones,y dibujando una sonrisa antes de volver a la tarea…

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