No llovió. Se disiparon las nubes y nuestro miedo, dejándonos un cielo huérfano de agua y radiante, casi tanto, como nuestra felicidad. Nos recibió un suelo cada vez más alfombrado, testigo de las primeras fotos, puerta de entrada al Granada Sound de este año. Los de siempre habíamos llegado, repletos de ganas, ansiosos de fiesta, sedientos de cerveza, y desde el Vip, a mano izquierda esta vez, comenzamos a saciar nuestros instintos.
Con Siloé comenzó todo. Se tiró a la arena como los buenos toreros, sin miedo, guitarra en mano y armónica en la boca, y con “ La verdad” alzó el telón del espectáculo. Voz clara, sonidos ágiles , letras trabajadas, todo acompañado de una batería nueva en estas lides, que ha dado más empaque a esta banda Vallisoletana, que puso el listón muy alto a las 7 de la tarde. Y todo, marcado por el carisma y la calidad de su cantante, que sostuvo el espectáculo durante 45 minutos. Poco tiempo y demasiado pronto para ellos. Demasiado buenos para esa hora.
Veintiuno fue el siguiente. Aterrizó con su sonido fresco, bailable, pegadizo. Y desde “Dopamina” hasta “Cabeza abajo”, los allí presentes, no dejaron de bailar. A eso fueron ellos y a eso fuimos nosotros. A cantar unos y a bailar todos. Para entonces, el día había dejado su sitio a la noche, trayendo consigo a Murcia y sus bandas. Pero antes, y desde Aranjuez…
Rufus T. Firefly o la elegancia personificada. Supieron elegir bien el repertorio, y mejor aún supieron interpretarlo. La teclista ponía la sobriedad a la batería, que con maestría subía el nivel de la guitarra, que intentaba equilibrar a ambas. Subían y bajaban el ritmo, rellenando de sonido los huecos que dejaban las letras. Potencia, dureza y la dulce psicodelia de unas notas, que por momentos, acariciaba nuestros oídos.
Tras ellos, los primeros de Murcia. Llegaron uno de los más deseados y con Arde Bogotá nos desatamos. Prendidos de la voz ronca de su vocalista, saltamos, bailamos, cantamos, dejándonos jirones de nuestra propia voz en cada tema. La batería sobresalía por encima de todo, pero sin restar importancia a las guitarras que marcaban el camino de las letras que todos conocíamos. Noveles con hechuras de gran banda, invitaron a Viva Suecia a compartir con ellos “Que vida tan dura” y aún no sé, que voz sonaba mejor. Un espectáculo al servicio de disfrute de todos los que allí estábamos, consolidando a otro grupo con el carisma de su cantante.
De nuevo otros murcianos, Viva Suecia. Sus ritmos han virado a poperos con su último trabajo, y aún así, supieron sacarle partido. De nuevo potencia, como si en Murcia la regalaran. De nuevo guitarras, y de nuevo batería. Fuerza en la voz de Rafa y letras que todos nos sabíamos de memoria. Un espectáculo casi conocido y un favor devuelto cuando invitaron a Arde Bogotá cantar con ellos “El bien”. Y así de bien sonaron, así de bien nos hicieron sentir y disfrutar.
A los terceros en discordia, Varry Brava, los escuchamos desde la zona Vip, lo más parecido del recinto a una costa con el mismo nombre que su apellido. Pizza en una mano, cerveza en la otra, digiriendo lo que acabábamos de vivir. Suspirando por otro Granada Sound juntos, brindando otro año más por la amistad. Juntos empezamos esta aventura, todos y cada uno de nosotros. Juntos seguimos año tras año. Y juntos hemos logrado crear un grupo tan potente como los que vimos, tan unido como los que tocaron y tan fuerte, que “miento cuando digo, que te miento cuando digo” que no quiero volver a repetirlo, sin vosotros a mi lado…