Tal vez fue la excusa pero dio sus frutos. Hablábamos de música y escuchábamos palabras, removiendo un café que se quedó corto de leche y de tiempo. Porque tu cara me resultaba familiar y fuera o no por eso, lo cierto es que no podía dejar de mirarte. Disimulaba, mal, para que mentirnos, y mientras tus ojos ensombrecían cualquier atisbo de luz, yo me dedicaba a espiar tus manos y tratar de recabar la máxima información posible sobre tu forma de ser. Modo imán para mi, atrayéndome hacia ti desde el primer momento, sin posibilidad de escapar y menos aún de huir. Tampoco es que quisiera hacerlo. Un poco de charla por aquí, un poco de música por allá, los relatos de un blog aún desconocido para tantos y nuestras ganas de conocernos más y chas!!, intercambio de teléfonos para comenzar unas conversaciones que se han ido dilatando en el tiempo y que han dado para conocernos y no querer abandonarnos por mucho que las noche nos empuje a dormir. Trazos de deseos en la madrugada, confesiones sin miedo y el estrechamiento de algo más que lazos a través de la distancia, que no es obstáculo para nuestras ganas. No hay nada perfecto, ni siquiera los sueños, pero “voy buscando un fallo en ti, y no aparece…”
Me dejas sin palabras… siempre. TQ