Tiempo contable, eso somos. Pequeñas escalas del infinito, con vida prestada. Un milagro del Universo, empeñado en demostrar, que somos merecedores del libre albedrío, que podemos mejorar, aunque no se lo estamos poniendo fácil. Pero nos va mejor enjaulados, obedeciendo órdenes porque así todo es más fácil. No asumimos riesgos, no tomamos decisiones, ni para mal, pero tampoco para bien, y dejamos pasar los días, malgastando el regalo dado. Somos cobardes por naturaleza, y aunque sepamos que tenemos fin, no queremos asumir riesgos, y dejamos la finalidad de nuestras vidas, en manos de otros. No quiero ser ni unos, ni otros. Quiero el control, de mi vida, de mi tiempo, de mis actos y asumo las consecuencias de estos. Quiero formar parte, de eso que realmente es la vida, y transformarme en algo grande. Disfrutar de cada segundo, haga lo que haga, porque hay belleza en todo mi tiempo. Y no pienso detenerme. Hay tanto por hacer… Miramos los relojes buscando el nombre del tiempo en un momento concreto. Segundos, minutos y horas, que jamás volverán, perdidos en la finidad de nuestras vidas, porque en realidad, sólo somos eso, tiempo contable. No nos desperdiciemos….