Sexo (2)

Siempre me han gustado grandes, los pechos de una mujer, aunque tampoco me importa si son pequeños. Me adapto, sin excepción. Fue un pichi, difícil de quitar, testigo de mi primera vez, pasada la mayoría de edad. Para algunos será tarde, para mí fue perfecto. Lo había imaginado millones de veces, pero nada salió como lo había planeado. Torpe e insolente, me afané en tratar de hacer bien, algo que nunca había hecho. Y creo que no salió del todo mal, porque repetimos una y otra vez a partir de ahí, cómo si ya no hubiera otras cosas que hacer. Y la práctica, lleva adherida el aprendizaje y la mejora. Porque en ese terreno, como en otros, siempre hay que aprender, no estancarse, curiosear y desarrollar todo lo que se ve.

No es cuestión sólo de sexo. Ver, oír, tocar, oler y sentir, forman parte de un ritual, que nos atrae y nos trae de cabeza constantemente. Unos por poco y los otros por exceso. Porque deseamos lo que no tenemos, por mucho que tengamos, ese es el maldito morbo que nos ciega tanto como nos gusta. Y aquí la imaginación, toma el mando. Pero necesito todos los estímulos. Un beso, que no mordisco, en los labios. Humedecer tu boca con la mía, sintiendo como nuestras lenguas invaden terreno contrario, encontrándose en un punto intermedio, para probar el sabor del otro. Adoro acariciar, saber que erizo tu piel con las yemas de mis dedos, y que un pequeño calambre nace entre tus piernas. Necesito el contacto con tu cuerpo, escuchar el invisible suspiro que se torna gemido, conforme avanzo hacia tu tesoro. Necesito saber que lo deseas tanto como yo, porque si no es así, nada de esto habrá valido la pena.

El paso de los años, todas esas camas visitadas, y todas esas visitas esperadas (o inesperadas), me han enseñado, que en esto del sexo, sobra egoísmo y falta cariño. Que para recibir, tienes que estar dispuesto a dar (nunca mejor dicho), que cualquier postura es buena, si ambos están de acuerdo. Que todos los cuerpos son bonitos, a ojos de alguien, y que los tacones visten mucho, y si es con lencería, más todavía. Y que aun queda mucho por descubrir, aprender y experimentar. Date prisa, que el restaurante cierra…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solve : *
28 × 5 =