Los últimos rayos de sol enganchados a las montañas intentando que la noche no apague su luz,iluminan un cielo azul que pronto tornará negro. Viento que hace susurrar al mar que observa tranquilo el pasar de las horas y agita las palmeras que hasta hace nada sombreaban una piscina llena de gente. La calor se aparta para dar paso a la fresca que nos enfriará con su aliento. Toboganes que siempre acaban sin esperarlo y un agua transparente en la que nos sumergimos buscando escapar de la sequedad del ambiente. Un hotel colgado de un acantilado,donde el relax se mezcla con la diversión y nos ofrece un descanso que durará poco pero que disfrutaremos hasta el último sorbo…