Y por fin… la lluvia

Supura el día agua, por las 24 horas. Ha venido a limpiar, a sanar, a llevarse con ella la sequedad que durante tanto tiempo hemos llevado adherida. Arrastra con ella los recuerdos de una Navidad tan como siempre aunque aderezada este año con la insensatez de descubrir por las calles de Graná, los vermús y las tascas. No en ese orden. Quebraron las nubes, regando el suelo, formando charcos, iluminando a pesar del cielo negro y regalando futuro. Llueve, a las puertas de mis 50, dotando a mi boca de una sonrisa más amplia si cabe que la que ya hace algún tiempo tengo. No es más que el reflejo de la felicidad que como la lluvia riega mi vida y alimenta mi alma. Ese amasijo de buena gente a mi alrededor, hijo, madre, hermanos, y amigos; esa música que no cesa, esas aventuras en forma de libros, esas series tan mías; esa sensación de que nada es perfecto ni quiero que lo sea. Tal vez sea plenitud, o quizás su quimera, pero lo cierto es que los años te dan una nueva visión de todo cuánto acontece a tu alrededor, acompañada de la tranquilidad y seguridad para entenderlo; claridad y perdón para impedir que los malos sentimientos te jueguen una mala pasada. Y sobre todo, el valor para ser uno mismo y aceptarse tal cual es. Si, por fin llegó la lluvia y con ella el lustro. Y si lees bien entre la maraña de palabras, pensamientos y sentimientos, seguro que te encuentras, porque ya formas parte de mi. Gracias por acompañarme en este viaje. Y mañana, no olvides coger el paraguas…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solve : *
30 − 3 =