De martes

Día Martes

Hace unos días acabé “El hombre en busca de sentido” volviendo al pasado a través de una historia que no viví, pero que todos conocemos. El holocausto, atravesando la vida de Víctor Frankl, superviviente de la muerte, y pedagogo de principio a fin. Un viaje a través del sufrimiento y de la búsqueda constante del sentido de la vida, a pesar de todo. Fue un regalo doble: como libro y su lectura. Son las razones quiénes nos mantienen en pie. Las respuestas, sobre todo las interiores, porque siempre están en nosotros, dentro de uno mismo, son las muletas que nos ayudan a andar cuando nos quebramos. Y en estos tiempos difusos, necesitamos más que nunca, claridad. De ideas, de fuerza, para ser uno mismo y poder regalar a los demás, la persona que somos. Aparece entonces el segundo regalo, el segundo libro, “Martes con mi viejo profesor”, otra experiencia maravillosa, dónde el sentido de la vida se torna amor y humanidad. En este mundo de pantallas, de “likes”, de estar más con el del otro lado que con quién tienes a tu lado; en un mundo de fotos para mostrar, el postureo como seña de identidad; en este mundo impersonal, frío e impaciente; en este mundo que atrasa por momentos, quizás debamos recordar como éramos para tener claro quiénes queremos ser. El amor lo puede todo, y los sueños junto con la fuerza de voluntad son la palanca. Usemos la bondad para avanzar y creo que todo nos irá mejor. Aprovechemos el tiempo en lo importante para lo importante, y para quién de verdad importa. Elijamos los momentos, las compañías. Charlemos, riamos y lloremos. Vivamos plenamente y no nos despistemos, porque solo tenemos esta vida y no sabemos por cuanto tiempo.

Gracias por los libros, y por estar siempre ahí.

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