No se si es al despertar o al acostarme, porque es en ese intervalo de tiempo donde no soy consciente de la vida, tan sólo espectador de mis sueños, es que me animo a continuar adelante. Vivir duele, pero morir no te deja sentir, y puestos a elegir, quiero comprobar cuanto dolor puedo soportar antes que cerrar los ojos para descansar eternamente. Quiero que valga la pena, que cueste, sentir tantas emociones y sentimientos, que me sienta tan vivo como la vida misma. Quiero amar, odiar lo justo, que luego pesa mucho esa carga, y quiero ir ligero para volar. Quiero enfadarme cuando algo me duela, discutirlo con quien toque para acercar nuestras ideas y descubrir en sus puntos de vista, las respuestas a mis preguntas. Quiero desear, que me deseen, que sueñen conmigo mientras imagino, como me imaginan. Quiero dejar huella, un recuerdo imborrable que me haga inmortal aunque en realidad da igual, porque los que deben recordarte, también desaparecerán. Los recuerdos sobreviven a los muertos en la mente de los vivos, hasta que mueren también. Así que vamos, partido a partido, día a día, luchando por hacer todo lo mejor posible, poniendo el alma en los que hemos, y haciendo cada día, un último intento…