Estados

Hemos olvidado cómo hacer las cosas en silencio. Mantener el anonimato es cómo no existir y no existir, duele. Que no te tengan en cuenta, hunde cada vez más en el olvido. Parece que si no publicas lo que haces a diario, es como sino lo hubieras hecho, y cuanta más gente lo sepa, más importancia tiene. Y es que la carnaza para cotillas, se ha puesto de moda. Información para quién quiere saber y satisfacción para el que la da. Las dos caras de la moneda, aunque suelen ser la misma gente, una y otra. Sabemos más de los demás que de nosotros mismos y hacemos más cosas por publicarlas, que por disfrutarlas de verdad. Si sales a correr, si vas de cervezas, si inflas la hucha, si estuviste en aquel famoso restaurante o si vienes de un concierto. Compartimos nuestras vidas sin reparo, sin restricciones, y nos escandalizamos si alguna información es errónea. Porque cada uno saca sus conclusiones de lo que ve, y lo que tú colgaste con una intención, ni por asomo se parece al resultado final. Mostramos a nuestros hijos sin reparo en el escaparate de cualquiera, nuestros viajes y nuestros sentimientos. Intentamos dar la clave de cómo nos sentimos y nadie nos entiende. Buscamos las respuestas en la opinión de los demás, aún sin saber que pensaran, aunque un solo mensaje de conformidad nos basta. Damos el control de nuestras vidas a otros, porque nosotros no le encontramos el sentido. En fin, somos cotillas por naturaleza, y estúpidos. Y ahora toca dormir, no sin antes echar un vistazo a los estados…

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