Las piezas sobre el tablero ocupando cada una su lugar. Espectantes los contricantes,intentando calcular el movimiento del otro para adelantarse y no perder la partida. Conversaciones en las que ambos están cargados de razón y ninguno conoce la toda la verdad. Dobles sentidos para los que hay que estar atentos para no chocar de frente y rebuscar entre líneas lo que en realidad quieren decir. Escuchar como hablan sus ojos y sus manos. Oir las sibilinas razones que disfrazan una realidad que quiere esconder para que nadie conozca sus verdaderas intenciones. Un tono modulado para parecer familiar aupado sobre la falsa razón que da el poder. Y poco a poco,sin darse cuenta,palabra tras palabra,se va desnudando,mostrando su verdadera cara.Y es entonces cuando el contricante lo entiende todo. No es una partida justa. Haga lo que haga no le va a llevar a la victoria. Eso si,alargará la partida lo máximo posible esperando estar en igualdad de condiciones para entonces sí,comenzar,la verdadera batalla…