Se mecen las cortinas en brazos del viento, que invisible y silencioso, las intenta apartar para poder pasar al otro lado. Lo noto, sin que llegue a rozar mi piel, sin que llegue a refrescar siquiera, pero se delata con el baile que arranca a unos pliegues, que se tensan con cada uno de sus pequeños envites. Desde este lado, la tarde suena a silencio, roto, por algún que otro coche atravesando la calle en dirección indefinida y acallando a los pocos pájaros que se atreven a salir de sus nidos a estas horas. Al otro lado, la templanza de una tarde de agosto. Quedaron atrás los días de infierno, de calor abrasador, dónde el sol dolía y el asfalto casi se derretía. Desde este lado, sabe a más a fin de estación, a ocaso estival, a verano que se va diluyendo. Otro año más a pesar de nosotros. Al otro lado, tú, tan cerca y tan lejos. Si cierro los ojos casi puedo tocarte, pero al abrirlos, es sólo una quimera. Pero tranquila, no hay dramas. Aunque desde este lado, las ganas, la añoranza y la pasión, me agitan, mientras las contengo para no desesperarme. No, no voy a volverme loco, eso no va conmigo, pero al otro lado sé que me esperan, tú, y mil planes más, y hoy, ya, un poco menos…