Bocas abiertas

Hay días que querría a mi lado un Dexter, o mejor aún, ser yo él. Contenido, equilibrador, justiciero asesino en serie, o será asesino en serie justiciero??. Lo cierto es que hay días que me tomaría la justicia por mi mano y acabaría arrojando al mar, los cuerpos descuartizados de más de uno, para que no encuentren su rastro, y dejen así de dañar a la vida y sus alrededores. No, no hablo en serio. Es sólo una metáfora subida de tono, un deseo parido del hastío y del cansancio acumulado, por tanta injusticia que afea el mundo y pretende acabar con la esperanza de los que aún creemos en algo mejor. Bastaría con una ostia “bien da» de esas que te ponen a cavilar y hasta abrir los ojos en un momento dado. El toque de atención justo para que espabilen por las buenas, antes de pasar a las malas. Porque hay días que rezumo mala ostia hasta por las letras, que mi indignación crece a golpe de telediario y que hago lo imposible, por entender las razones posibles de aquellos que nos llevan al nivel más bajo de humanidad, para no explotar y arrasar con todo. Y es que la vida se empeña en no dejarnos indiferentes. Que entre lo que nos cuentan que ocurre allá lejos, lo que sabemos que sucede aquí cerca y el sueño que acumulamos a estas horas, es imposible no abrir la boca, resultado y mezcla de sorpresas y de sueño. Y si fuera Dexter, otro gallo me despertaría…

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