Pesadillas

¿Que qué pido al final del día? Que haya otro, mañana, y pasado, y al siguiente. Que tenga futuro para seguir construyendo un buen presente, aquel en el que sonrían al verme, o simplemente al recordarme. Que haya tiempo de seguir mejorando a pesar de los errores, ayudando todo cuanto pueda, a todos cuanto pueda. Que despierte feliz, sabiendo que sois felices, porque vuestra felicidad es la mía. Pido tener un trabajo al que acudir y con él pagar mis deudas, porque el pago, es mi tranquilidad. Pido seguir viendo a mi hijo crecer, y tener a mi madre conmigo todo el tiempo posible. Pido seguir a tu lado esta vida, y quien sabe si otra más, todo depende de las ganas que tengas de aguantarme. Llega la noche y os recuerdo a todos, repasando todo lo hecho y planeando lo que haré. Organizando el mañana para que no se me caiga encima y me lleve alguna sorpresa, tratando de controlar lo que ocurrirá, antes de que suceda. Y así recapitulo noche tras noche, evaluándome, poniendo nota a mis hechos, tratando de ser un poquito mejor día tras día. Trabajando todo aquello que necesito para transitar la vida de la mano de unos valores que me mantienen firme en mis convicciones. Por eso si me preguntas que pido al final del día, te diré que acostarme con la conciencia tranquila. Es la mejor forma, de no tener pesadillas…

¿Y tú, que pides al final del día?

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Sietemesina

Se abrieron las puertas de la sala de espera y apareciste tú, tan pequeña, tan frágil, tan bella, tan pronto. Te veías muy pequeña dentro de la incubadora. Dos meses más pequeña de lo que deberías, pero allí estabas, con nosotros, con aquel gorro que trataba de calentar y vestir tu cabecita. Pensé, en como se podía querer a alguien, que tan sólo unos momentos antes, no estaba. Porque existir, exististe desde que tu corazón empezó a latir, y fue ahí cuando comenzamos a quererte. Y aún hoy, te seguimos queriendo. Fuiste la primera, adelantándote a todos, hasta al mismo tiempo, y has crecido, borrando el miedo que teníamos en aquel momento a que no lo lograses. Tu belleza ha crecido a la par que tu cuerpo, y la “cosita” que vino a este mundo hace casi 17 años, se ha transformado en la mujer , que luce ahora. Aquellas manecitas que se movían sin dirección, buscando no sabíamos que, ahora son capaces de fabricar sueños, tejer deseos y cocinar los más exquisitos manjares. Jamás escuchamos un llanto de tu boca, y dormías como los ángeles, fueras donde fueras. Porque ya eras tranquila desde el principio. Bailaste enredada a una cinta y pasando a través de un aro, y nunca descuidaste los estudios, por eso eres la mujer que eres. Inteligente, muy inteligente. Por eso en tu santo, además de felicitarte, quería decirte, que el amor que sentí por ti la primera vez que te vi, ha crecido contigo, deseándote que sigas así, tan guapa, tan inteligente y tan buena, eso sobre todo. Que nada cambie tu forma de ser y mejora cada día, ese es el reto de la vida. Yo seguiré viéndote crecer y madurar, y me tendrás siempre para lo que necesites.

PD: A mi sobrina Elena, que no imagina cuánto la quiere su tito…

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El verano eterno

Sigue la calor asistiendo nuestros días, constate, irreductible, casi perenne, mientras nosotros mantenemos intacto nuestro deseo de que verla caer, de hacerla huir, de espantarla para siempre, o por lo menos hasta el verano que viene. Tirando de aire acondicionado (quien lo tenga), o ventilador en su defecto, tratando de enfriar el infierno, de apagar ese fuego que abrasa y que consume la tierra y nuestros cuerpos, haciendo que sudemos toda la pesadez de este tiempo estival tan largo. Comenzó hace ya tanto, que apenas recordamos la primavera. Y os aseguro que existió, aunque pasara casi de puntillas. Casas amuralladas, persianas contra el suelo y ventanas cerradas a cal y canto. Remedios de toda la vida, para impedir el paso del sol y su calor, y todo esto a costa de la luz, que la dejamos a su suerte, fuera de nuestros planes y exiliada de nuestros hogares. Un pequeño sacrificio para conseguir sobrevivir a este tiempo pre-desértico. Descansos nocturnos frustrados, sopor incontenible y posturas inalcanzables en la búsqueda constante de un sueño que no llega. Ni siquiera el agua se atreve a asomar, dotando a nuestros pantanos de un vacío que se agranda por días, y acrecentando la sequía en nuestros grifos y corazones. Y ahora que estas temperaturas serán normales y no una excepción en los años venideros, podemos decir, que jamás estuvimos tan cerca de un verano eterno, como el de este año…

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As de corazones

Hoy no había nadie que se mereciera más que tú un relato. No sé si en todos estos años te escribí, pero te aseguro que no pasó un solo día, en que no me acordará de ti. Eres el culpable de darle voz a mis palabras cada vez más enredadas. Me regalaste esta ventana hace ya años y la mantienes abierta sin pedirme nada a cambio. Así cumpliste otro de mis deseos,  porque sin tu saberlo, has cumplido muchos, haciéndome muy feliz con ello. Aunque la verdadera felicidad, es saber que sigues aquí, un año más, a pesar del susto.

12 años. Eso teníamos cuando nos conocimos, recorriendo las calles del Realejo, jugando a las canicas con el “sida”, peleándonos con aquel gran “castor” que al poco se nos quedó tan pequeño, metiéndole goles a los Santos de la iglesia de Santo Domingo, o sacando de sus casillas al loco de tu vecino, mientras escuchaba música clásica. Tu primer verano en Cúllar, tus primeros kiwis (con piel), los ataques por la banda (ya hubiera querido Redondo ser como tú). Una amistad afianzada entre adoquines, y entre viajes de ida y vuelta en bici. Discusiones y peleas por las novias, alejamientos y acercamientos, que como las olas y la orilla, no pueden vivir el uno sin el otro. Una unión para toda la vida y una amistad inquebrantable. Fuiste el padrino de mi hijo y sumaste el título de compadre a nuestra amistad. Y el amor nos volvió a alejar, pero sólo en distancia. Porque nuestra unión soldada a base de años, vida e historias, ya nunca se soltará. Porque siempre hemos estado y siempre estaremos, y ahora, más que nunca. Porque mi corazón es tuyo, desde hace mucho tiempo, para cuando lo necesites, y como siempre te digo, si te hago falta, grita, que yo acudiré, como tu haces conmigo. Nos queda mucho por vivir, muchos años que compartir, y con un as de corazones bajo la manga, es imposible que nada nos salga mal.

Feliz cumpleaños, compadre. No sabía cómo decirte lo mucho que te quiero…

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Santos

La carrera de relevos estaba servida un año más. La secuencia de días dejaba un sendero lleno de celebraciones, dónde detrás de uno, llegaba el otro, y tras este, el siguiente. Dieron las 00.00h correspondientes a cada uno trayendo consigo, su momento. Y con él, la cascada de felicitaciones de aquí y de allá, de allegados y de despistados, junto con el silencio de algunos, sorprendente y esperado a la vez; tanto, como los inesperados y espontáneos, que dan la medida del tiempo que pasamos en sus cabezas y corazones. Siempre 24, 25 y 26. Siempre Julio. Siempre Cristina, Santiago y Ana y Joaquín. Pesan las tradiciones tanto como los recuerdos, tanto como el tiempo, tanto como nuestras decisiones. Quizás por eso, seguimos celebrando nuestro santo, con ganas e ilusión, a pesar del tiempo. Porque como buena decisión, decidimos seguir con la tradición, y no perder la ilusión. Eso seria de viejos, y a nosotros aun nos queda mucho. Por eso, y porque nos gusta la fiesta. Así que Cristinas y Anas, no olvidéis pagad una ronda cuando nos veamos, que yo pagaré la mía. Que alargamos la vida, a cada santo que pasa. La vivida, claro, que la que está por venir, se me antoja corta. Por eso, dejad las excusas para otra ocasión que se avecina celebración, y a ver quién se atreve a decirnos entonces, que somos unos santos.

PD: A Mis Cristinas y Anas, santas dónde las haya…

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Quién lo iba a decir

Quién iba a pensar que tan al sur, haría tanto fresquito. Llegamos ganando una hora, tiempo extra para nuestra escapada, con la ilusión de ver lo habría de ser nuestro refugio por unos días, nuestro rincón exquisito, alejado de todos y aupado en nuestra privacidad. No fue así, o eso pareció al principio, porque quién lo iba a decir, la sorpresa de todos en forma de desilusión, se transformó conforme pasaban los minutos, en alegría contenida. Supo nuestro anfitrión darle la vuelta a la situación, abriéndonos las puertas de su casa y ofreciéndonos todo lo que tenía, para que nuestros días allí, y sobre todo noches, fueran de lo más divertido. Convirtió su patio en nuestro campo base, al que regresamos después de visitar Faro, al que atravesamos en patinete, surcando sus adoquines, mientras nuestros cuerpos temblaban sin remedio. Cataplanas, arroces y pescados para alimentarnos en sus restaurantes, y cerveza y vino para saciar la sed. Y al caer las tardes, regresábamos a nuestro cuartel, dispuestos a jugar a las cartas, beber unas copas que por allí no saben poner, y escuchar una y otra vez a nuestro anfitrión, que quién lo iba a decir, podría pasar por marroquino, aunque no lo fuera. Con la noche llegaba el fresquito, sí, el fresquito, que nos helaba los pies, y enfriaba el ánimo. Platos de paletilla recién cortada y otras viandas no dejaban de pasar delante de nuestras narices, y el vodka en vaso pequeño fueron las estrellas de la noches, noches que se alargaron hasta lo inimaginable, trayendo consigo ángeles y algún que otro demonio. Quizás fue fruto del alcohol, pero a mi me pareció real. Lo que empezó mal, acabó muy bien, como en las películas. Allí se concentraron los deseos de todos los años y lo inimaginable se fundió con lo real. Y descubrimos, quién lo iba a decir, que el inframundo no es tan malo como lo pintan…

PD: A mis Pellejeros, porque sin ellos, si es verdad que nada sería posible.

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Faro(s)

Ahora sí. Ahora si llegó la verdadera normalidad. La de restringir restricciones, la de llevar los bolsillos libres de mascarillas y la cara también, y con ello, volver a mostrar nuestros rostros a los demás, soltar los besos acumulados, los abrazos contenidos y las sonrisas maniatadas. Ya podemos sentarnos en el bar, cerveza en mano, sin otra preocupación que no sea la de elegir la tapa que queremos. Ahora si volvemos a tener otro viaje de Pellejeros como los de antaño. Y aquí estamos, un poquito más lejos que el año pasado, pero con las mismas ganas e ilusión, que todos los años. Nos ha acogido Faro, sur de otro país, contenido en nuestra misma tierra, tan parecido a nosotros y a la vez tan distinto. Llegamos juntos, a lomos de las mismas 4 ruedas, sin más planes que el de volver a estar juntos unos días y disfrutar de la compañía de este grupo de personas, que año tras año, y ya van 17, se reúnen para mantener viva una tradición, y aunque este año haya habido más problemas de los esperados, los jueves han seguido siendo ese “faro” bisemanal dónde acercarnos a descubrir “faroles” y envíos. Primavera, verano, otoño e invierno. Las estaciones nos ven pasar y ahí seguimos, ganando campeonatos, a jóvenes y viejos, porque nosotros estamos justo en medio, quizás por poco tiempo, vete tú a saber, porque aunque nuestro rostro refleje otra cosa, la ilusión que mostramos por cada cosa que hacemos, la pasión que imprimimos a nuestras vidas, nos rejuvenece. Quizás por eso, nuestros nombres han quedado grabados para siempre junto a nuestro escudo en la mesa más grande que nadie vio jamás. Grande por su tamaño y grande por lo que representa. Porque pertenecer a este grupo es mucho más que ser Pellejeros. La unión que hemos forjado a través de todo este tiempo es envidiable. Y ni ese mismo tiempo ni la distancia puede con ella. Hemos sido faros en la época más oscura, alumbrando los caminos de la soledad para que ninguno se sintiera solo en la distancia, no dejando que el olvido nos arrastrase. Y seguimos siendo faros en los buenos momentos. Hombros dónde reír y llorar, porque pase lo que pase y estemos dónde estemos, siempre tendremos un amigo en la reserva dispuesto a echar una mano en cuanto lo necesitemos, porque para eso somos Pellejeros.

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Embusteros

No sé que pasa últimamente que lo mejor sucede en las plantas bajas. Habíamos calentado motores en el bar de la esquina, entre tapas de ilusión y jarras fresquitas de ganas de ver por primera vez a estos cordobeses tan Embusteros. Pero sucede que mentiras ni una. El espectáculo que habían prometido en la entrevista previa lo cumplieron al dedillo, a pesar de la poca gente que acudió a verlos. Una pena por los que no fueron. No imaginan lo que vivimos los afortunados que tuvimos la suerte de apoyar a la banda, en aquel concierto tan familiar. Saltaron al escenario con su look rockero, dejando su sello desde el primer tema. Las guitarras lo envolvieron todo, aderezadas por una batería poderosa, translúcida en algunos momentos dejando hacer al bajo y al teclado cuando tocaba. Y con ellos, él, y su voz. Una voz clara, potente, única, inolvidable, vistiendo todo aquel sonido de buenas letras, y haciéndolo reconocible. Porque si algo tienen Embusteros, es que son reconocibles desde la primera nota. Sabíamos como sonaban en sus discos de estudio, y ya nos gustaban, pero descubrirlos en directo, nos ha hecho rendirnos a sus pies. Nada salió mal, el escenario se les quedó pequeño y acabamos por volvernos locos. Así que vimos una gran banda, y porque no decirlo, descubrimos a las personas que hay tras esa banda, y también nos gustaron. Acabado el concierto, ya teníamos ganas del siguiente. Y tras ayudarles a cargar los instrumentos en la furgoneta, nos fuimos juntos a… Bueno, esa es una historia que quizás, nunca llegue a contar, no vaya a ser que nos llamen Embusteros…

PD: A los que estuvimos allí, de aquí y de Valencia. Fuimos pocos pero afortunados.

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Magia y efectos especiales

Miles de piernas tapaban las escaleras que daban acceso al recinto dónde veríamos la despedida, mientras un autobús con su nombre en el luminoso observaba todo con la tranquilidad del que viaja con ellos a diario y conoce todos sus secretos. Si la ilusión y las ganas son proporcionales a la cantidad de gente que va a ver un concierto, allí había mucho de todo y aunque la organización dejó que desear, con fallos y retrasos a la entrada de los que debían acceder al espectáculo, el concierto empezó casi en hora. Repasaron todo su trabajo, desde el primer al último disco, y como de un tiempo a esta parte, con Izal, los primeros sonaron mejor, arrancando del público los gritos, saltos y la emoción, que han ido perdiendo conforme han madurado como banda. Eso se reflejó en el tempo del concierto, que nos subía a lo más alto para después dejarnos caer al abismo de la tranquilidad. Una montaña rusa en la que faltaba chispa y un mal sonido desde la pista. La voz de Mikel no sonó clara y los diferentes instrumentos se solapaban, restando calidad al espectáculo. Aun así, las masas enloquecimos con los temas de siempre, y el espectáculo de luces y pantallas que los escoltaban, les dieron un toque de buena banda. Tres momentos a destacar. El inicio, con una batería de temas enlazados, para prender la mecha, aunque jamás llegaran a estallar; la versión de “Pausa”, en la incrementaron guitarras y batería para darle esa potencia que echamos de menos en el resto del concierto; y como no, el cierre, con la eterna “La mujer de verde”, en la recordamos a aquel Izal de los inicios, dónde sorprendieron con un sonido y potencia diferente al resto. En resumidas cuentas, esperaba más de una banda que tanto ha dado al indie. Pudo estar mejor y aun así, no estuvo mal. Una despedida agria y un concierto con poca magia y demasiados efectos especiales.

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Tan nosotros

Cruzamos la barrera sin darnos cuenta, sin esperarlo incluso, ni nosotros, ni los demás. Rompimos la maldición a base de confianza, de ilusión, de ganas y de infinitos planes. Porque ahora, lo tuyo es mio, y lo mio tuyo. Hemos construido un hueco nuestro sin olvidar los espacios propios. Porque no hay mejor libertad, que estar a tu lado. Y es que tomar decisiones sin miedo, no es fácil de conseguir y a tu lado, todo es sencillo. Ahora somos noches de sofá entre The boys y Dexter, regalándonos caricias y miradas furtivas, cargadas de sonrisas y roces inesperados. Somos cenas sanas y diferentes, recetas de amor y de ilusión para que tu paladar no viva solo de mi boca. Recorremos juntos los mapas de la música, conciertos y festivales viviendo la música juntos, acompañados de Carlos y su primo, que siempre nos sacan las mejores risas y todas las ganas posibles. Somos de hablar, mucho, de compartir lo que pensamos y lo que sentimos, acosados por todos aquellos que quieren compartir una noche o dos, sobre todo contigo. Somos de limpieza, de orden, de tocs, que compartidos parecen menos maniáticos. Somos también de sexo, menos del que te deseas, pero del que te gusta. Aunque ese tema ya lo hablaremos cara a cara y desnudos. Somos de deditos lanzados por whatsapp intentando averiguar en cuál de nuestros hermosos culos aterrizará. No tenemos futuro definido ni lo necesitamos, porque dure lo que dure esto, lo disfrutamos sin esperar nada más, y sin dramas. Y somos felicidad, mucha felicidad, dibujada en nuestras caras, plasmada en nuestros hechos, y aunque no nos veas en los relatos que escribo, ten por seguro, que somos tan nosotros, que ya no me imagino un yo sin ti…

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