No digas que no lo conoces. Esa indecisión para tomar decisiones que estrangula tu vida cuando tienes que elegir un camino y sabes, que tu elección, marcará el rumbo. Es justo ese momento en el que, atrofiado, mascullas una retahíla de razones por las que “si» y justo a continuación, son devoradas por las del “no». Las eterna balanza sin equilibrar, la opacidad de un momento que se ha ido gestando lentamente, nublando por completo la lucidez que nos apoyaba. Abandonados en el laberinto, corremos tras una salida, que huye de nosotros, cerrando caminos, alargando atajos, engulléndonos hasta ahogar nuestra respiración. Momentos grises en los que no entendemos los porqués, menos aún, si van en contra de nuestra ética. Y es ahí cuando debe mostrarse nuestro valor, la incombustible fuerza de voluntad que nos mantiene vivos. Las infinitas ganas de luchar, porque “rendirse, no es una opción» y saber mantener a salvo tus convicciones, porque, que es una persona sino la extensión de sus pensamientos acompañados de sus actos. Todos tenemos instantes oscuros, problemas inesperados que resolver, planes inoportunos a los que expulsar como polizones que se cuelan en ese barco que es tu vida. Asi que, valentía y decisión para ser coherentes. Firmes y fuertes, esa es la consigna, que aún queda mucha vida…