Siempre era fin de semana, cuando el sonido de los primeros rayos repiqueteaban sobre las persianas a medio abrir y las atravesaban, descomponiéndose en miles de motas, que bailaban al son de la mañana. Rugía el silencio en la calle, sólo acallado por las campanas que llamaban a misa primera, preludio de los primeros murmullos que asaltarían la calle, presos del miedo por el retraso a la llamada de Dios. Sonidos mezclados con el trinar de los pájaros, música celestial para un cielo limpio que descargaba su claridad sobre nosotros y que nos obligaba a abrir unos ojos, que renegaban de la mañana y su despertar. Él era más rápido, y aún entre sueños, llegaban las primeras notas. Era Serrat bañándose en el “Mediterráneo”, o Alberto Cortés, dibujando “castillos en el aire». Fue Jarcha, luchando por una Andalucía mejor, y “Clodomiro» silbando una canción de la que olvido la letra. Era música entre sábanas, arrumacos entre notas musicales, preludio de Cola Cao y torticas. Eran los buenos días de un padre a sus hijos, a los que inculcó el gusto por la música en aquellas mañanas que hoy forman parte de mis recuerdos. Y tal vez gracias a él hoy surcamos festivales, rondamos conciertos y amamos tanto la música, que buscamos cualquier excusa para conocer nuevos artistas. Tal vez hoy, las palabras se transformen en notas que puedan componer una canción explicando cómo hemos llegado a ser, hijos de la música, y que no deje de sonar jamás…
Próxima parada, Benalfest!!!