Lo volvimos a hacer. Esta vez fuimos tres y en un alarde de valentía nos lanzamos a recorrer media Granada a velocidad constante, hasta completar los 21 que nos pedían. Fueron kilómetros de constancia, donde lo único que importaba era acabarlos antes que ellos acabaran con nosotros. Un trote a velocidad de crucero que se fué endureciendo a medida que transcurrían el tiempo y los kilómetros, que se adherían a nuestras piernas como plomo y las hacían más pesadas con conforme avanzamos. Llaneamos hasta que las pendientes tomaron el control y fué allí dudamos de nosotros. Se desató la batalla, entre nuestra resistencia para no abandonar y la más humana cobardía de dejar de correr. Ganó la valentía de seguir adelante a pesar de sufrir, y como en la vida, tuvimos nuestra recompensa, atravesar una meta por la que no todo del mundo es capaz de pasar, y de decir a pesar de todas las dudas, que yo corrí entera, la media maratón de Granada del 2017…