Rompimos juramentos y pusimos en manos del olvido todo aquello que dijimos que jamás haríamos. Tragamos de nuevo palabras que pronunciamos en el pasado, dejando un regusto a nueva lección aprendida y a incógnitas veladas. Mueren a diario, amores inmortales, todos y cada uno de aquellos que nacieron con vocación de eternos y que quedaron tan sólo en simples finitos, volcanes en erupción que al enfriarse, petrificaron a más de un corazón. Buscamos sin descanso, siempre algo mejor, aburriéndonos de todo lo que al principio era nuevo, caminando por un alambre en el que intentamos mantener un equilibrio que nos mantenga vivos. Reincidimos, con afán de escarmentar, y aunque intentemos confundir a los demás, la mayoría del tiempo, no sabemos, a donde ir…