Arco


Volvió a ser sábado. Volvió la hora a cambiar, restando tiempo al día para regalárselo a la noche. Volvió la ilusión, la fiesta, las sonrisas y la música. Desfilaron por la carpa de entrada, los forzudos, payasos, magos, mimos, videntes, domadoras y algún que otro tigre o león, no sabría deciros. Llenamos de amistad un recinto para celebrar la quinta edición de nuestro festival, entre incondicionales y primerizos. Fuera y dentro, dentro y fuera. Así fotografiamos el día, cabalgando sobre vídeos de las bandas que este año quisieron acompañarnos y el directo de los mejores artistas que jamás hayamos escuchado. Intercalamos bailes con abrazos, jager con sonrisas, saltos con locuras. Miradas furtivas para descubrir que la felicidad habitaba en todos los rostros que nos rodeaban. Letras para afianzar esa felicidad que inundaba el lugar y que conforme pasan los años, valoramos más y más, conscientes del tesoro que tenemos y que no valdrá de nada sino lo cuidamos. Quizá por eso, estos momentos, este festival, sea tan especial. Y no lo sería si alguno de vosotros no se va con una sonrisa en la boca y un sentimiento de felicidad. Por eso, ni la lluvia pudo impedir que nos divirtiésemos, ni que Javi pidiese la mano de Isa. No, la lluvia no pudo impedir, que Arco tocará este año en el Cúllar Vega Sound, haciendo más feliz aún, si cabe, a Luija, el primer Mister de este festival, que no ha hecho nada más que comenzar.
A tod@s y cada uno de los que estuvimos allí. Sin vosotr@s, nada de esto sería posible.
Gracias infinitas.

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Anaranjado

Tenue, luces, casi amanecer.
Entre la noche y el día.
Que no corra el tiempo.
Unta de magia la vida.
Inventa belleza.
Escoge la paz.
Rodéate de ti, y
Ocupa el universo.


Llega el otoño amarrado a tu pelo, deshojando árboles, despertando amores, meciendo tristezas. No sabe que quedará atrapado por tu mirada para siempre, y lo harás tan bello, como como los amaneceres que tiñen de naranja tu piel. Una retahíla de pecas, acampando en tu cuerpo, y una sonrisa eterna, alumbrando tu rostro. Si, llegó el otoño, pero tú llevas pintando de naranja mi vida desde siempre.
Feliz cumpleaños primica. Ya sabes como termina esto, aunque en realidad, esta vez, comenzó así…

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Vidas cruzadas

Fuimos.

Niños y amigos van unidos, desde mis 12. Callejuelas y adoquines, delimitando el sendero que conduce a Santo Domingo, allí dónde las columnas de la entrada de la iglesia dibujaban las porterías de nuestro propio campo de fútbol. Música clásica difuminada entre partidos de baloncesto y regañinas del vecino más coñazo que jamás hayamos conocido, y un “castor” amenazante, que dejó de dar miedo a medida que nosotros crecimos. Llegó el futuro de la mano de un Spectrum, tan lento para poder jugar, como el pasado que dejaba atrás con sus juegos grabados en cassettes, que hacían volar las horas. Llegó la primera visita a Cúllar. Ahí conociste a mi gente, convirtiéndote en uno de ellos. Ya por entonces, nuestras vidas se habían entrelazado definitivamente, atravesando la adolescencia juntos. Te recuerdo sobre una bici, y aquel niño tímido y apocado que eras, tornó joven casi seguro de sí mismo, tenaz y clarividente. Te busqué en el Amador y te encontré siempre. Dibujabas, supurando arte, con esa imaginación que construía, que creaba, que maravillaba. Y apoyado en todo ello, hiciste carrera, entre cámaras y parabólicas, viajando hasta casi el infinito. Fue la llegada de Silvia la que lo cambió todo. Trajo consigo el amor, la fidelidad, la confianza. Arribó con fuerza y aquel nómada decidió asentarse junto a ella. Otra vida que se cruzó ampliando aquel horizonte. Y aquí seguís, tan unidos como siempre. Mudasteis tras la crisis, tras la quiebra, pero en Sevilla remontó todo. Nueva empresa para él, nuevo trabajo para ella, y entre tanto trajín, Martín e Iker os alumbraron. Más felicidad para una pareja que jamás se descuidó. Mucho trabajo, más responsabilidades, y un stop obligado. No quiero darle más vueltas, porque aquí sigues y eso es lo que me importa.

Somos.

Menos niños, más amigos. Ese lazo que nunca desatamos, ese amor que nos profesamos, esa batalla que la distancia no vence. No, no le hablo solo a él, porque ahora vuestra felicidad es la mía. Porque os quiero a todos como le quiero a él. Porque nuestras vidas se cruzaron y ahora recorren el mismo sendero, en lo bueno y en lo malo. Por eso, celebro teneros, y todos celebramos tenerte. Ya sabes que Vetusta seguirá sonando cada 24 de junio, recordando al Juanjo de Silvia, al Juani de mi vida. 

Si, fuimos. Aquellos desconocidos que se conocieron, ese capricho del destino que sabe que piezas unir para hacer más maravillosa la vida. Porque somos lo que fuimos, y seremos lo que somos: esas líneas trazadas por el universo, que la vida decidió cruzar.

Enhorabuena Silvia, enhorabuena Juani, por 25 años de inimaginable felicidad. Que esa luz interior que tenéis, siga latiendo por siempre jamás. Y en este día, recordad que, “hoy es siempre todavía”.

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En la selva

Jueves, quién lo iba a decir. Málaga. Calor, bochorno y un gran espectáculo. Málaga Forum se puso sus mejores galas y se disfrazó de selva para recibir a todos lo que queríamos un día de indie en un jueves cualquiera de verano. Abrieron boca Claim, aún bajo el sol, mientras el público entraba sin prisa pero sin pausa. El lugar invitaba. Alfombra verde por doquier, puestos de peluquería, mercandaising, zona de relax, foodtrack y barras distribuidas para aquellos que quisimos pasar una tarde de música. Todo cuidado al detalle y con gusto. Punto para el Selvatic nada más entrar. Segundo punto, el escenario. Grande, a juego con el resto del recinto, y sobre él, y cuando el sol empezaba a perder fuerza, Claim terminaba después de un muy buen concierto. Esta banda suena cada vez mejor…

Shinova aterrizó con fuerza, sostenidos sobre esa voz potente de Gabriel, que acabó por vencer al sol definitivamente. Sonaba su batería al son de las cuerdas, sin sobresalir, solo cuando debía, con ese sello inconfundible, mezcla perfecta entre letras inolvidables y sonido embaucadores. Gritamos estribillos y se nos erizó la piel, al descubrir que en directo, sus discos, cobran vida.

Sidonie vino tras ellos, en un espectáculo cercano y divertido. Los de siempre, hicieron lo de siempre: un magnífico trabajo sobre el escenario, entre temas del último trabajo y canciones de siempre, mientras Ros llamaba a filas al público. No defraudaron, una vez más.

Y llegó él. Abraham Boba y el resto de León Benavente. Que puedo decir. Que desde la primera a la última canción del repertorio que eligieron, nos llevaron en volandas. A mitad de camino entre cantar y recitar, se encuentra este grupo, con sus poéticas letras y su sonido más que potente. Percusión, electrónica, rock. Distinto. Tanto, que te encantan o los odias, todo discutible. Pero lo que no tiene discusión es el directo que tienen. Te deja sin aliento. Saltas, cantas, gritas, sudas y disfrutas de un espectáculo que pocos son capaces de generar. Un diez de nuevo para León Benavente, que acabó de transformar aquel festival, en una selva.

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Posibles

Otro verano, otra quedada, otro recuerdo. El mismo gesto, la misma ilusión, mejor resultado. Tres, en un trayecto corto, con grandes expectativas. Huele a sal, sabe a verano, y la madurez nos vino a buscar con nuevos retos. Pensamientos cambiantes que hacen de nuestros sentimientos y sus recovecos, caminos difíciles de transitar, como si el abismo se encontrara en cada decisión que debemos tomar. Transmutamos en seres diferentes, sin dejar nuestra esencia de lado, queriendo cambiar, buscando mejorar, como si la personas que somos ahora no fueran suficientes. Egoistamos sobre nosotros mismos y los demás, tratando de estar cada vez más cómodos, más felices, intentando que nuestra estructura interior no se desmorone y nos soporte unos cuantos años más. Rodeos todos, para no decir que estamos cansados de mucho e ilusionados con tanto. Aliviamos el pantano interior que nos ahoga, con el caudal de palabras, de confesiones y secretos que regalamos de unos primos a otros. Y en esa paz fingida, encontramos consuelo.

Ahora que hablo menos y escucho más, entiendo mejor, soporto más y tal vez, solo tal vez, aguante menos, quizás como todo el mundo. No, no somos tan raros. Simplemente somos humanos, y sin o con ayuda, aquí estamos, verano tras verano, en el campo o en la playa, uniendo fuerzas, alzando barricadas, resistiendo. Y mejor aún, retando a la vida con el amor a flor de piel, en la forma que sea.

Vimos ponerse el sol, florecer la luna, y entre ola y ola, nos cobijó la oscuridad, sedienta de secretos, lanzando estrellas fugaces como aviso de que todavía, todo es posible.

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Volver

Quiso el verano un año más que Somontín nos acogiera. Una plaza engalanada nos recibió, y aunque apenas había gente por sus calles, olía a fiesta. A dos pasos nos alojamos, a otros dos, la piscina, y a otros tantos la panadería. Puntos formando el triángulo vital de nuestros días allí, con centro en la plaza. Nos reencontramos con su gente, con los somontineros, que como ocurrió el pasado año, nos recibieron con un gran abrazo y una cálida sonrisa. Vuelven unos sobre sus pasos al pueblo que los vivió nacer y crecer, recordando sus raíces y manteniendo viva la llama de sus tradiciones; otros siguen allí, sosteniendo con vida a un Somontín despoblado en invierno y tan poblado en verano. ¿A quién no le gusta su casa?. Nos reunimos todos, alrededor de una mesa, cerveza en mano, o vino, o quizás ambas cosas, contando historias de tiempos pasados que creemos mejores, dejando escapar las palabras entre el hechizo del alcohol. Doblamos palmas al son de canciones, de cuyo nombre no quiero acordarme. Doblamos también los días, uniéndolos con las noches, acumulando cansancio y ratos inolvidables, bailando bajo una luna que no dejaban de observarnos, envidiosa de nuestra felicidad. Descendimos a la panadería, y su olor me transportó a un pasado que ahora saboreo con el cariño que deja el paso del tiempo a esas partes de tu vida que vas dejando atrás. Y sí, compartimos, entre todos. Los de allí y los que no somos de allí. Porque nos han acogido como a uno más, con la sencillez y el cariño, que solo la buena gente sabe dar. Bebimos, reímos, bailamos y fuimos felices, en este ahora de nuestras vidas que mañana será pasado, y que recordaremos en el futuro, creyendo otra vez, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Yo me quedo el presente vivido y con toda esa gente que me hace querer volver otra vez más a Somontín. Ahora miro la luna desde mi ventana y recuerdo esa plaza y todos vosotros, y no puedo evitar sonreír…

Gracias por regalarme tiempo de felicidad.

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Como si de un cuento se tratara…

Lucía el sol, apretaba la calor, y sin miedo a nada, partimos dirección Huelva. Castigamos la tarde sin siesta, y con ella por montera recorrimos kilómetros de asfalto buscando otra provincia, cuajada de ganaderías, con reses por doquier y extensos pastos. Cambiaba el paisaje a medida que avanzábamos. Los olivos tornaron a alcornoques, y los sembrados se transformaron en pastizales. Un reguero de dehesas nos escoltó hasta que divisamos Aracena cuando atardecía, embriagando nuestra llegada con aroma a pueblo. En el centro, donde la vida hierve y se concentra lo importante, justo ahí, nos alojamos. Casas blancas, grandes, de las de antaño. Un pueblo limpio, con olor a jamón por sus rincones, y gente hospitalaria. Tierra de postal con una historia labrada a fuerza de tradición. En lo más alto, el castillo fortaleza, con la iglesia dedicada a su patrón, y bajo ella, una gruta, la de las Maravillas. Alrededor de este castillo creció su pueblo, y aún hoy lo sigue haciendo.

Enfilamos el pasillo que llevaba a las profundidades, desprovistos de miedo, cargados de ilusión, topándonos de golpe con otro mundo bajo el suelo. Estalagmitas y estalactitas floreciendo sin pausa pero sin prisa, necesitando mil vidas para adquirir la forma que tienen hoy. Un manto blanco, en ocasiones rojo y en otras azulado, engullendo la roca, con la única fuerza de las gotas de agua que se filtran por desde el exterior. Un espectáculo que la naturaleza nos regala, recordándonos su fuerza y su belleza, avisándonos que nada sobrevivirá en este mundo salvo ella, sino somos capaces de cuidarla.

Fueron días de desconexión, apartados de todo y de todos, huidos a nuestras propias profundidades, conociendo un poco más los recovecos de las cuevas en las que a veces vivimos. Pero como toda gruta, también tiene una salida. Y salimos, a caminar, a reír, a llorar, a descansar de la mano de aquellos hombres que quieren acabar con nuestras naturalezas. Y sirvió de mucho, porque como si de un cuento se tratara, tuvo final feliz, tanto, como para volver a repetir.

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Que merezca la pena

Desplazamiento de sur a norte, entrelazando festival con gastronomía, unidos por un hilo conductor: nosotros. Nos recibió la ciudad con el nombre más bonito de este país, catedral en mano, dando la bienvenida a unos Pellejeros que no cejan en su empeño de dejar su huella por los rincones de este mundo, con una máxima constante: subir más alto, llegar más lejos, pero siempre juntos, porque juntos, vamos a comernos todo. Viaje sin camino, con destino cierto, para unas fieras ávidas de aventuras, de descubrimientos, de compartir, de sentir. Inventamos todo el año la forma de ser felices no dejando nada al azar, soñando con los pies lejos del suelo, imaginando mundos paralelos, lejos de todos, tan cerca de nosotros. Brillamos, si, en este inmenso universo, aunque no lo creáis, aunque no podáis verlo. Tan insignificantes y tan importantes a la vez. Ese oxímoron difícil de explicar, aún más de entender, pero tan bello, que solo nosotros comprendemos. Tercera vez que nombro la unidad: nosotros. Cuarta ya, y es que nosotros es la palabra que une todo. Porque a vuestro lado, a nuestro lado, cualquier plan cobra vida, cualquier viaje merece la pena. Todas y cada una de las escapadas vividas, todos y cada uno de los viajes realizados, todo el tiempo a vuestro lado, es el un tesoro de incalculable valor. Pero lo verdaderamente importante, es que sois vosotros, somos nosotros, los que hacemos que este viaje tan maravilloso que es la vida, merezca la pena.

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La playlist

Volamos dirección Santiago de Compostela, un poquito más cerca de ti. Imagino que desde ahí arriba todo se ve más pequeño, con mejor perspectiva pero ahora ya nada importa.

Hace poco más de un año que la enfermedad te alcanzó. Has bregado contra ella todo este tiempo, con la ilusión por delante, pero no pudiste derrotarla. Vino la muerte a buscarte y a pesar de tanto “no”, te ha llevado de su brazo. Demasiado pronto, demasiado rápido, demasiado todo. Quedamos aquí los vivos, recordándote, a ti y tus recuerdos.

Roma no es la misma sin ti. Ha quedado tan huérfana de tu sonrisa como nosotros, y en Galicia, a dónde me dirijo, conociste a la que hoy es nuestra amiga. Tú nos uniste y ese lazo es ya indisoluble.

Sigo durmiendo junto a tu atrapa sueños que reposa en la mesita que pega a la ventana, iluminando los días, protegiendo las noches, tratando de amarrar los sueños a la realidad y que no se pierdan en el olvido. Ahora formas parte de ellos. Te recuerdo con una sonrisa en la boca, con lágrimas en los ojos y la incredulidad de saber que nunca volveremos a vernos. No, la vida no es justa, y en algunos casos, la muerte tampoco.

Se quedó en el tintero tu regalo de cumpleaños, envuelto, sin entregar; la cena en el restaurante que tú debías elegir. Jamás sabré a cuál querías ir. Y quedó incompleta una playlist que fuimos ampliando desde que todo empezó, con la esperanza de seguir agrandándola lo máximo posible. Hace muchos días que ya no suena…

Pd: Para Patricia.

DP

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Catedrales

Vino el viento a recibirnos, soplando para volver a hacernos volar alto. Susurros de aire meciendo las banderolas pero incapaz de llevarse con él los besos y abrazos que nos dimos al reunirnos de nuevo. Si hay algo que me gusta de mi gente, es que da igual el tiempo que pasemos sin vernos, largo o corto, siempre nos recibimos con besos y abrazos. Pequeños gestos (para mi enormes) que condensan el cariño que nos profesamos. Volvimos a reunirnos alrededor de los cuatro djs en pos de otra noche de amistad, acompañando la ilusión de los creadores de magia, que desprendían luz y felicidad por los cuatro costados, viéndola reflejada en los rostros de los que nunca os fallamos. La música atravesando el silencio, girando sobre si misma y alimentando los corazones de los que bailábamos alrededor de una piscina que reflejaba el brillo de nuestros artistas. Dotamos de color a la noche y dimos de comer a nuestra felicidad. Todo quedó recogido por los ojos y la cámara de la otra artista: Anica. Porque da igual dónde se esconda la belleza, ella siempre la encuentra. Anoche fue eso y mucho más, otra victoria que sumar a nuestro paso por la vida. Un medallero que ampliamos con cada reunión, con cada quedada. Y es que este libro por mucho que lo leamos, nunca cansa y siempre nos sorprende. Dicen que en el universo mueren estrellas cada segundo, allí, en la distancia, en la lejanía, dónde no podemos verlas. Pero aquí, cerquita, rozándonos, nuestras estrellas brillan cada vez más. Pronto volveremos a reunirnos, y en ese momento, no olvidéis volver a abrazar, a besar, a demostrar el cariño que nos tenemos, porque esos pequeños gestos, “levantan catedrales”.

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