Silencio, templanza, quietud. Cielo estrellado, firmamento oscuro, luna menguante. Noche de verano. Yazco rendido en mi cama, y reposáis conmigo hoy, atravesando mi mente, arrastrando con vosotros las palabras que ahora escribiré.
Todos buscáis las respuestas que os den paz y descanso. Fisgoneáis en vidas ajenas, tratando de encontrar la solución a vuestras dudas, a vuestras inseguridades, o peor aún, para demostrar que no estáis tan mal, si al otro le va peor. Os agarráis a clavos ardiendo para seguir creyendo, pero todo es inútil, si pierdes la fe en ti. Excusas, mentiras, y otras prestidigitaciones, para no llamar las cosas por su nombre: cobardía y soledad.
Mensajes en botellas lanzados al mar, con la esperanza de que su destinatario sea quien debe ser. Travestis de la mentira, tratando de hacernos creer, que son, lo que no son. Dignos sin martillo, y sin palabra. Llaneros solitarios, defensores del egoísmo y sus consecuencias. Capitanes que abandonan el barco cuando nadie los ve, y tratan de hacernos creer, que es por nuestro bien.
Creo que no me dejo a nadie. Os mostráis sin querer y os veo. Observo cada paso que dais y lo pongo en contexto. No os juzgo, pero saco conclusiones. Seguro que es lo mismo que hacéis conmigo. Y os aseguro que lleváis razón en lo que pensáis. Porque yo no me escondo. Para bien o para mal, esto es lo que hay. No quiero cambiar nada, ahora, claro. Más adelante, ya veremos. Eso depende sólo de mí.
No hay discursos vacíos, ni palabras enredadas. Basta con saber. Porque por mucho que queráis, es imposible parar la tierra…