El desamor, desalojo de ilusiones, el fin de todo plan. Son miles los desencadenantes, respuestas incompletas a cualquier ecuación lógica que en nuestra imaginación daba un resultado perfecto pero que sobre el papel no cuadra, por más operaciones que realicemos. Sumar y restar se confunden en la búsqueda de una “x» que se nos antoja perdida tras un mar de rutinas que azota la costa de nuestro paraíso. Besos en busca y captura, caricias avocadas a la extinción y ni un solo atisbo de ilusión que pueda mantener a flote algo que cae por su propio peso. Nadie está a salvo y todos tienen la solución en sus manos, pero somos necios, incapaces de esforzarnos y nos dejamos llevar, dejando en manos del tiempo la vida de unas flores que se marchitan lentamente por falta de riego. La vida es un esfuerzo constante. Querer sobrevivir a los años de la mano de otra persona requiere esfuerzo y dedicación, y pretender que tu felicidad la gestionen otros es un gran error. Llegará el invierno y con el la nieve, y el rastro de sangre sobre ella, será la señal inequívoca de que estamos heridos…