Huecos sin luz donde habitan los peores sentimientos. Allí donde la luz teme entrar por miedo a desaparecer, sabedora de que su brillo allí no ilumina nada. Cárcel de alegrías, amarradas sin sonrisas y sin felicidad para que no puedan escapar, heladas por el silencio que las acompaña como insobornable carcelero, mudo de palabras y sentimientos. Es allí donde bajamos de vez en cuando, sin que nadie nos vea, para que no sepan que tenemos días en los que abandonamos todo para quedarnos sin nada y nos abrazamos a nuestros miedos en busca de excusas que tranquilicen ese trocito de alma atormentada. Descendemos a las cloacas de nuestro ser, para liberar al cobarde que escondemos, dándole un respiro y que así pueda volver a disfrazarse de valiente, y librar mil y una batallas, que luego transformaremos en hazañas inventadas y victorias inexistente. Lugares personales, inaccesibles para todos menos tú. Rincones oscuros todos aquellos que tenemos cada uno de nosotros, y que visitamos muy de vez en cuando, para recordarnos, que bello es todo, fuera de allí…