Muere el día dejando un rastro blanquecino en el cielo. Se aquieta el agua descansando del baño interminable de los que buscan el frescor y la transparencia de sus aguas. Guarda entre sus olas recuerdos de vidas pasadas, mujeres que dejaron atrás su niñez y que ahora esconde sus lágrimas del mundo para que no sepan del sufrimiento pasado. Heroína caída por no poder salvar lo que no tenía remedio y que abandonó todo por acompañarla en su camino. Valientes de la mano hasta que hubieron de soltarse despidiendo así, sólo una de las vidas. Quedó huérfana y aún llora, recordando tal vez aquellos días en los que el mar era testigo de como juntas, rompían el rompeolas…