Energía desbordada, esperando a que alguien la vea para volverse realidad. Imaginamos, deseamos y soñamos una vida perfecta en la que siempre estemos bien y nos sintamos aún mejor, haciendo lo que nos gusta cuando nos gusta, compartiendo la vida con todos aquellos a los que queremos a nuestro lado y más importante aún, que ellos nos quieran al suyo. Buscamos los porqués a una vida que a medida que avanza nos va dejando el sentido profundo de nosotros mismos, la intrínseca paradoja del crecimiento a través de caminos sin salida que crea nuestra mente, en los que nos perdemos para aprender nuevas rutas. Pero corremos el riesgo de dejar la mente a la deriva, y permitir que se adueñe de nosotros, haciéndonos creer que tenemos el control mientras nos arrastra a la más profunda de las perdiciones. Hay que ser fuertes e inteligentes, aprender a conocernos y ser conscientes de la capacidad que tiene nuestra mente. Domarla, para que crezca y siga expandiéndose para que nos llene de sabiduría. No dejar que se estanque y enseñarla a comprender que sentimientos y razón deben conjugarse. Hacerla infinita, pero encontrar el equilibrio en el que seamos nosotros los que digamos, como, cuando y porque. Cuando descubras de lo que eres capaz serás consciente de todas las posibilidades que tienes a tu alcance. El mundo es tuyo al igual que el Universo del que formamos parte. Pasado, presente y futuro son una misma cosa, así que puedes cambiar tu realidad y con ella, todo lo que te rodea. Así que piensa y siente, toma el control de tus pensamientos y de tus sentimientos y no dejes que ellos te dominen a ti. Si lo haces, estarás perdido para siempre…