Tarifa

Tumbado, bocarriba. Cirros surcando el cielo, pedazos de algodón blanco suspendidos del infinito azul. Sol, abrasador, iluminando la arena, convirtiéndola en oro fino y transparente que se cuela por cualquier recoveco al son del viento que la lleva de aquí para allá, en un baile egoísta y sin sentido. Aullido incesante de aire, que arrastra las palabras y su significado, a los hombres y sus cometas que se empeñan en surcar el mar y los cielos a la vez, a lomos de su tabla. Tú, a mi lado, con tus caricias furtivas, arrebatos de cariño para recordarme que estás, apoyo incondicional de alguien que se que me ama con mis luces y mis sombras. Osada y valiente, mostrándome una ciudad que te enamora, allí donde encuentras la paz, olvidando en sus calles estrechas, los porqués y sus respuestas. Jaima de paso, nuestro castillo de fin de semana, ese que tanto deseábamos y que tan pronto pasó. Acampamos la rutina y dimos paso al amor, más si cabe, y nos supo a poco, por eso juramos regresar…
PD: Gracias por mostrarme tu mundo y dejarme formar parte de él

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