El tiempo nos pertenece… Encerramos las horas y los minutos, nombrándolos para no olvidarlos, y los ordenamos para poner principio y final a nuestros días. Rodó el mundo y la vida con él, sin prisa pero sin pausa, y algunos decidieron disfrutar de su tiempo a costa del tiempo ajeno. Unos se dedicaron a robar alimentos para sobrevivir, otros riqueza para tener más, pero los verdaderos ladrones, se dedicaron a robar tiempo. No les bastaba con el suyo y hacían del ajeno, su riqueza personal. Con él, aumentaba su riqueza y llenaban sus despensas. No necesitaban guantes para tapar sus huellas ni nadie les acusaría de robar. Jamás nadie llamó ladrón a quién quitaba el tiempo de los demás. Interminables colas, esperas innecesarias en comercios u horas extras en los trabajos. Un goteo incesante de tiempo que vamos perdiendo sin remedio. No hay reposición de un solo segundo y así, lentamente vamos entendiendo que nuestro tiempo, el de cada uno, es nuestra mayor riqueza…