«No entendía de palabras»

Llegó como todos, sin avisar, y como todos se quedó aquí. Eso fué lo único parecido que tuvo con los demás, porque el resto, creó la diferencia. Caperucita perdida entre Lobos, perdiendo la inocencia entre aullido y aullido. Ni siquiera las flores dieron color ni el sol secó el barro. El camino se llenó de obstáculos creando aquello que el mañana traería. Sus labios se quebraron y el corazón descompasado ya no volvería a bailar. Se levantó en armas y construyó una armadura que olvidó quitarse en tiempos de paz. Tras de sí tierra quemada y corría para no asfixiarse con el humo que provocaba en su huída. Aprendió a desconfíar y olvidó buscar la belleza en lo malo, convirtiendo los días, en batallas infinitas. Lentamente abandonó el lenguaje mientras se dedicaba a rugir y bramar. Y cuando quiso acordar, se dió cuenta, de que ya no entendía de palabras…

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