La llama de la amistad

Fuimos felices.

Arrancamos un sábado resplandeciente, mientras el sol rendía al frescor de la mañana, dirección norte, buscando refugio en el pueblo más bonito de Graná, o eso dicen. Las familias al completo, cada vez más grandes, cada vez más amplias, pero siempre pellejeros, tratando de enseñar a los que vienen detrás, el verdadero significado de la amistad. Hijos e hijas de sus padres y madres, ayudando, compartiendo, aportando y sobre todo disfrutando. Sonrisas por cada rincón del complejo. Diversión fueras donde fueras. No faltó un compinche con quién jugar a las cartas, o al badminton. Ni faltó una mano para ayudar a cocinar, o a recoger, o fregar. Porque este era un plan de todos y para todos.

Días cortos que los alargamos sin esfuerzo. Caminamos juntos por desfiladeros de ensueño, buscamos tesoros e impostores, chupamos y olimos, aunque alguno se confundiera, atamos nuestras bocas a muecas imposible de cerrar. Tuvimos los mejores chef, a los mejores djs, a la mejor fotógrafa. Llenamos un salón de tan buena gente, que aún sigue llorando porque lo abandonamos. Porque tras todos esos disfraces, se esconde una forma de entender la vida y la amistad, que pocos pueden llegar a entender.

Llegó la noche, trayendo con ella el frío y un cielo estrellado como pocas veces hemos visto, mientras en el comedor, dos generaciones mantenían el fuego de la amistad encendido. Porque este es el trabajo de todos: Mantener viva esa llama… Por eso somos felices.

Gracias a tod@s y cada un@ de vosotr@s, por otro fin de semana inolvidable.

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