Palabras, música y teléfonos

Tal vez fue la excusa pero dio sus frutos. Hablábamos de música y escuchábamos palabras, removiendo un café que se quedó corto de leche y de tiempo. Porque tu cara me resultaba familiar y fuera o no por eso, lo cierto es que no podía dejar de mirarte. Disimulaba, mal, para que mentirnos, y mientras tus ojos ensombrecían cualquier atisbo de luz, yo me dedicaba a espiar tus manos y tratar de recabar la máxima información posible sobre tu forma de ser. Modo imán para mi, atrayéndome hacia ti desde el primer momento, sin posibilidad de escapar y menos aún de huir. Tampoco es que quisiera hacerlo. Un poco de charla por aquí, un poco de música por allá, los relatos de un blog aún desconocido para tantos y nuestras ganas de conocernos más y chas!!, intercambio de teléfonos para comenzar unas conversaciones que se han ido dilatando en el tiempo y que han dado para conocernos y no querer abandonarnos por mucho que las noche nos empuje a dormir. Trazos de deseos en la madrugada, confesiones sin miedo y el estrechamiento de algo más que lazos a través de la distancia, que no es obstáculo para nuestras ganas. No hay nada perfecto, ni siquiera los sueños, pero “voy buscando un fallo en ti, y no aparece…”

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Por casualidad

“Siempre fue mejor lo no buscado», dice Izal y dice bien. Hace tiempo que desistí de buscar y decidí quedarme conmigo, dedicarme a mi. No había frutos, por una u otra razón, tan solo dolor y daño. Opté por no acercarme a nadie más allá de lo sexualmente convenido, dejando claro desde el principio las opciones que quedaban abiertas. Un convenio aceptado por ambas partes y que eximía a todos de la culpabilidad en la toma de decisiones. Frívolo, lo sé, pero eso es lo que busca la mayoría de la gente hoy en día, o eso dicen, aunque todos en el fondo buscamos algo más. El problema es que cuadre, que encuentres a alguien que reúna todo aquello que quieres y aún después de haberlo hecho, que salte esa chispa y que prenda la llama. Nos mentimos cuando tenemos que buscar una explicación convincente de que nuestra situación es perfecta, cuando topamos con gente que acaba por no aportar y sigues creyendo que son la mejor opción, cuando intentas hacerte creer, que la soledad, es la mejor compañía. Y es en tu mundo, en esa burbuja que has creado y que piensas que es perfecta, la que no quieres abandonar, que te asalta el destino, y en una conexión inexplicable de vidas, de conocer unas a través de otras, encuentras por casualidad aquello que no buscabas pero que tanto soñabas. Es entonces cuando te das cuenta de que aunque tarde un poco más, lo imposible, acaba por llegar…
Día 24 y los que quedan

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Rincón exquisito

No se cuanto de ilusión encierra una sorpresa ni cuanto de impaciencia, pero ha valido la pena. Se quiso sumar el sol a la fiesta y nos regaló la templanza que estos días le había faltado, y regó con su luz transparente, la reunión de todos los que allí estuvimos. Fue su cara de no entender nada, de no acabar de creerlo la que dio la salida a un día lleno de emociones, abrazos y besos. De fotos de todos con todos, demostrándonos que aun nos une algo mas grande que una simple amistad. Que nuestros lazos siguen siendo fuertes, que nos importamos y que cuando hay que estar ahí, no faltamos a la cita. Para ser sinceros, también nos gusta mucho una fiesta, pero mucho mas aun, si es con los nuestros. Porque nosotros somos los nuestros y no solemos defraudar. Bebimos y comimos, en ese orden, y nos dimos una tregua en la rutina diaria, entre charlas y música. Vinieron las palabras a ponerle voz a los sentimientos, y emergieron algunas lagrimas que se resistían a salir. Y es que es muy fácil expresarse cuando lo haces desde el corazón. Metimos el sol en un sombrero de copa y apagamos el día. Y bajo la atenta mirada de la luna, viajamos de nuevo a la casa del cumpleañero, allí donde suelen acabar las fiestas, como no podía ser de otra forma. Y apuramos las horas hasta caer rendidos. Hay rincones exquisitos, personas maravillosas y momentos especiales. Hoy lo hemos tenido todo junto, y gracias a todos vosotros, hemos convertido un sábado mas, en un día inolvidable.
PD: Mon Laferte estaba invitada, pero no pudo venir. Eso que se ha perdido…

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Todo lo que importa

Hace tiempo que tu pelo comenzó a platear y ni aún así, has dejado de tener cara de niño, travieso siempre, como el Marco que creaste. Ya ni recuerdo desde cuando nos conocemos, ni falta que hace, porque lo único que necesito saber, es que ahora estamos juntos. Y es que, entre el diez y el trece, hay poca distancia, y aunque la den los años, tú como si nada, no hagas caso a los que dicen que eres más viejo que yo. Hay gente a quien le gusta inventar…
Lo cierto es, que desde aquel Huertronic, donde nació el amor entre Bacardi con limón y besos, y hoy, hay sólo un suspiro. Un suspiro, en el que si cierras los ojos y piensas, podrás ver a tus amigos de siempre, a aquellos con los que compartiste despedidas de solteros con pistolas de agua sin agua, a saber de que las llenasteis, y que ahora os hacéis llamar Verano Azul. No quiero imaginar, quien es el Chanquete del grupo. Confesiones y escapadas, el paso de la soltería al matrimonio, que por aquellos entonces, parecía una utopía y que ahora es una realidad. Mentiría si digo que no envidio vuestro amor convertido en vida juntos.
Los nuevos amigos, nacidos algunos de un grupo de gente que se reúne a jugar a las cartas, y que ya te digo yo, que ahora mismo se están mordiendo la lengua para no gritar “presidente dimisión». Que tiempos aquellos… Tu cara me suena, dirían algunos, pero nadie como nosotros sabemos cuanto nos hemos divertido con ella. Y todo eso, con el permiso de tus dos rubias y Nancys. Llevas toda una vida con Ana y Julia espera tenerte ahí el resto de la suya. Seguro que no la defraudarás. Y es que eres único para organizar y reunir a la gente, sino aquí tienes la prueba. Sólo hay una razón por la que estamos hoy aquí, TU. Así que recuerda bien este momento, grábalo en tu corazón más que en tu retina, y disfruta de todo y de todos, como nosotros lo hacemos de ti. Dice Serrat, “mañana es sólo un adverbio de tiempo», por eso hoy, ahora, justo en este instante, todo lo que importa, absolutamente todo, lo tenemos aquí…

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Frío

Nos engañaste, haciéndonos creer que no llegarías, pero lo peor es que creímos que seria así. No se a que edad se deja de ser un iluso. Y como cada año te has presentado. Has avanzado lentamente a través de la Navidad, dejando miguitas de pan, enfriado cada vez más o menos, no se exactamente como funciona esto, hasta llegar a herir, acuchillando cada cuerpo que tocas con tus manos heladas. Haciendo sangrar las bocas de vaho, como si el alma huyera de nosotros buscando un refugio mejor. Vuelves a verter tu manto transparente sobre una atmósfera de la que huye una calor, derrotada por tus embestidas. No calentará el sol sin tu permiso, ni la luz tendrá tanto brillo. Lo vuelves todo pesado, quebradizo, con miedo a ser tocado, más aún, tan sólo mirado. Que sabe nadie de como penetras por los rincones, de como arañas y nos encoges, de como te estancas en los pasillos y no quieres ir a ningún sitio porque estas en todas partes. Que sabe nadie, de tu empeño en poder amar como los demás, de querer besar sin doler, de rozar sin escocer y de querer sin ropa de por medio. Que sabe nadie de la soledad del frío…

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Anuncios en las afueras

No, no soy mucho de Navidad. Suele la gente dejar para esas fechas lo que deberíamos hacer todos los días del año. El achuchón de última hora, esos deberes que haces copiando porque de ti no sale atender en clase. Imploran a nuestros corazones que se enternezcan buscando la compasión que deberían tener por toda esa gente que lo necesita. Son esas fechas días de encuentros, de reunión, de decirles a los familiares y amigos, cuanto los queremos, como si tras la fiesta, el amor desapareciera. No entiendo de fechas para los sentimientos. Eso es algo que todos llevamos dentro y que deberíamos demostrar todos los días. Nos atiborramos de abrazos y embriagados de felicidad, pasamos las navidades entre comilonas que pretenden unir aún más a quienes ya llevan tanto tiempo juntos. Me quedo con el trabajo diario, porque la tristeza y la necesidad, no están acotados, y puede que una sonrisa ilumine muchos días algo más que un árbol de Navidad. Porque de eso trata la vida, de sentir a diario y de despertar al mundo todos los días. De luchar para hacer un poquito mejor todo cuanto nos rodea. Y no lo digo porque sea Navidad, sino porque he visto “Tres anuncios en las afueras» que me han recordado lo jodida que es la vida, cuantos sentimientos somos capaces de albergar, y que el perdón es el más poderoso de todos, y que depende de ti y de tu actitud, que quieras ser feliz o no. FELIZ VIDA a todos!!

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Un poco más

Podría pasarme la noche entera haciendo equilibrios en el borde de tus piernas. Caminar de puntillas sobre tu vientre, dejando un reguero de besos allí por donde paso con la esperanza de alguno alcance tu boca. Podría viajar de norte a sur, conocer cada rincón de tu cuerpo, cada cordillera, cada valle, cada uno de los puntos que marcaste con una “x», parada y fonda de mi deseo, pero sobretodo, me adentraría en aquellos rincones prohibidos, los más peligrosos, esos que ni siquiera tu conoces, y te descubriría sensaciones, placeres, tesoros que no sabías que existían. Podría acariciarte, arrancar tus gemidos a base de roces, llevarte a la duda de si quieres mantener los ojos abiertos y ver el recorrido o cerrarlos para imaginarlo. Tocaría tu piel, sin prisas, para que supiera que el tiempo está de nuestro lado, y tatuaría en ella con mordiscos mi deseo. Podría desnudarte, no sólo con la mirada, dejarte al descubierto, sin mentiras, sin tapujos, sin vergüenza. Y me lanzaría a la batalla para conseguir conquistar esa boca que se muerde los labios en un intento de contener unos gemidos que al final acaban huyendo por cualquier resquicio. Penetraría en tu fortaleza con el salvoconducto de quién sabe que lo esperan dentro. Bailaríamos juntos, al son de un mismo movimiento, sabiendo que paso dar en cada momento para acabar exhaustos. Podría tantas cosas… y todo porque pidieras “un poco más…”

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Rastros de sangre en la nieve

El desamor, desalojo de ilusiones, el fin de todo plan. Son miles los desencadenantes, respuestas incompletas a cualquier ecuación lógica que en nuestra imaginación daba un resultado perfecto pero que sobre el papel no cuadra, por más operaciones que realicemos. Sumar y restar se confunden en la búsqueda de una “x» que se nos antoja perdida tras un mar de rutinas que azota la costa de nuestro paraíso. Besos en busca y captura, caricias avocadas a la extinción y ni un solo atisbo de ilusión que pueda mantener a flote algo que cae por su propio peso. Nadie está a salvo y todos tienen la solución en sus manos, pero somos necios, incapaces de esforzarnos y nos dejamos llevar, dejando en manos del tiempo la vida de unas flores que se marchitan lentamente por falta de riego. La vida es un esfuerzo constante. Querer sobrevivir a los años de la mano de otra persona requiere esfuerzo y dedicación, y pretender que tu felicidad la gestionen otros es un gran error. Llegará el invierno y con el la nieve, y el rastro de sangre sobre ella, será la señal inequívoca de que estamos heridos…

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La gota

La constante cascada de agua que escupe el grifo y una bañera dispuesta a contener y no dejar escapar ni una sola gota. Sonaba Depedro mientras el nivel del agua subía tanto como mis ganas de sumergirme en ella, donde trataría de ahogar un lunes cargado de estrés. No conoce el agua limites, ni se avergüenza cuando la hacen suya. Maleable y transparente me acurrucó y sentí como se adhería a mi piel, como los tatoos que me visten, llevándome con ella allí donde nacen las emociones. Mis ojos se cerraron despertando aún mas el resto de sentidos. Comencé a navegar entre recuerdos, siendo consciente del momento en el que encontraba y había una palabra que definía lo que sentía, lo que siento de un tiempo a esta parte: Felicidad. Repasé mentalmente el camino recorrido, los pasos que me habían llevado a ese estado descubriendo con ellos todos los fracasos y errores, cada traspiés dado y cada derrota. La felicidad no es algo que regalan. Me sentí entonces orgulloso de las decisiones tomadas, dolorosas pero acertadas. Recordé a todas esas personas que han formado parte de mi vida y comprendí entonces el significado de su paso por ella. Ausencias, abandonos, presencias y retornos. Todas tienen su valor.
Sentí paz, tranquilidad, el sosiego de quién recoge sus frutos y la fortaleza de aquel que es feliz con lo que tiene sin renunciar a mantenerlo. Reflejaba el agua aquella paz. Inmóvil, como yo, descansando sobre mi cuerpo ávida de cualquier pequeño movimiento para dibujar infinitas ondas en la superficie de su piel. No se cuanto tiempo transcurrió, pero al abrir los ojos, vi aquella gota, agarrada a la boca del grifo, haciendo malabares para no caer sobre el mar artificial de la bañera y desaparecer entre tanta agua acumulada. Era diferente, única, la última. Supongo que se sentía feliz, como yo, y retando al tiempo, se mantenía firme para no caer.
Salí de la bañera, desnudo, relajado, sonriendo. Y la gota, con el resto del agua y los recuerdos, huyó por el desagüe..

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Historias de cobardes

En la retaguardia, a la espera de noticias, pero sin abandonar. No tengo porque dar explicaciones y mucho menos justificarme ante nadie, y conforme pasan los años, menos aún. Con el tiempo aprendes a aceptar que estamos donde estamos por las decisiones que hemos ido tomando y todos esos “Y si..??” que nos asaltan, no tienen ninguna validez, tan sólo dar rienda suelta a un probable presente que jamás se cumplirá. Es lo que ocurre cuando mezclamos anhelos e imaginación, que nos da por soñar otros escenarios donde representar la obra de nuestra vida. Así nos transformamos en héroes, capaces de decir lo que nuestra boca jamás pronunció, atando con nuestras palabras a la persona que perdimos, haciendo lo imposible para que no huyera y así pudiera elegir nuestra compañía con total libertad. Ahí somos invencibles, indoloros, inalterables a pesar de los pesares, e inmortalmente jóvenes. Pero has de saber, que precisamente, nuestras decisiones de cobardes, nos han enseñado todo lo que ahora sabemos. Dejar escapar, soltar, callar, resignarse, rendirse, todas y cada una de estas acciones, nos han hecho fuertes. No pierde el que no arriesga, pero tampoco gana. Y ahora que conocemos las razones, ahora que sabemos los porqués y nos importa sólo nuestra opinión, nos damos cuenta que todas esas historias eran más de valientes, que de cobardes…
A los luchan siempre, ganen o pierdan

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