Era cierto eso de los pañuelos usados, aunque no lo fuera tanto eso de que yo no entraba en ese grupo. La gente suele mentirse cuando dice que busca algo en concreto y en realidad le gusta lo contrario. Trata de encontrar algo diferente y cuando lo tiene delante de sus narices sale corriendo y regresa a los lugares de siempre, donde volverá a toparse con lo mismo. Entonces culpará al destino, a la vida, a su mala suerte, porque no le llega lo bueno, como si se hubiera olvidado de él o de ella. Es mejor dejar nuestra responsabilidad en manos de algo intangible que hacernos cargo de nuestros errores. Se pudiera pensar que es cuestión de juventud, pero no es la primera vez. Las huidas no tienen edad. Es ahí cuando aparecen las excusas de mercadillo, demasiado baratas para ser creídas, que, aunque hagamos como que nos las tragamos, en el fondo todos sabemos que no es así. Porque los detalles no pueden competir con las marcas de dientes en la piel, señalando un territorio que por un tiempo quisiste sólo para ti y del que ahora huyes, quien sabe, si porque encontraste otro nuevo. Tampoco pueden competir con unos celos escondidos tras el “ten cuidado” cuando sales, ni con las notas en la nevera, recordatorio para el olvido de tu presencia allí. No, gustar no equivale a amar, pero tampoco hagamos del sexo algo frío. Así que si buscas algo diferente, no corras cuando lo encuentres porque pasarás de ser el primero de lista a ser uno más de ella. Pero no pasa nada, aún quedan Domingos por delante y la vida continúa, porque ni los daños han sido tantos ni tan trágicos…
A quienes piden hacer las cosas bien. Empecemos por uno mismo