Soy de lágrima fácil, de embriagarme de sentimientos hasta reventar y expulsarlos de mí, gota a gota, sobre todo si se trata de personas, del dolor y del buen corazón. Y es que creo que los milagros existen, que todos somos potencialmente curanderos, capaces de crear alegría, de dibujar sonrisas o de aliviar dolores con nuestras palabras y presencia. No necesitamos dones, ni poderes que nos conviertan en superhéroes para salvar de la vida o la muerte a los demás. Comprensión , apoyo y cariño, armas indispensables para la batalla diaria. “Gracias” que recompensen cualquier tipo de ayuda, sonrisas que iluminan los días más oscuros, y un “aquí me tienes» que aleje la soledad de cualquiera que se sienta solo. “Tu respira» como si fuera la última vez que vas a hacerlo, como si no hubiera un mañana. Agárrate de tu aliento y vuela, disfruta de cada inspiración regalando felicidad a todos los que te rodean, recordando así a todos aquellos a los que no podemos hacer regresar. Vivamos por nosotros y por ellos, y a pesar del mundo que hemos creado, entre las obligaciones y la rutina, me niego a olvidar, que es lo que de verdad importa…