Volvimos a transformarnos en otros sin olvidar quienes somos y nos vestimos de talento para imitar al presente y al pasado, a través de canciones que ya jamás olvidaremos. Más o menos ensayada salió la noche, que comenzamos con unos platos paridos por nuestras propias manos y que poco les faltan para ser Estrellas Michelín. Entre copas y brindis, cantamos cumpleaños feliz y entre humos y luces arcoiris, comenzamos a desfilar, subiendo el nivel a cada paso, poniéndolo cada vez más difícil al siguiente pero sin asomo de miedo en ninguno de nosotros. Fuimos recogiendo el guante con orgullo, demostrando a todos, que llevamos un artista dentro. Y es que la noche dio para mucho. Bailes, fotos, buena música y sobre todo risas, esa que provocan los buenos amigos, las ganas de pasarlo bien y la falta de pudor. Todo puede suceder en casa de Choco, más aún cuando prepara una fiesta con tanto esmero y ganas. Así que si mezclamos todo y lo agitamos, el resultado no podría ser otra cosa, que no fuera espectacular…
Gracias a Los Pellejeros, por hacer esta vida inolvidable