Tiempo de Dragones

Cuentan las leyendas, que hubo un época de caballeros, princesas y dragones. Batallas épicas en pos de conquistar nuevas tierras, dónde los caballeros de más valía, se alzaban con la victoria y el amor de las princesas, quisieran ellas o no. Matrimonios de conveniencia para unir familias y ganar poder. Traiciones y manos negras tras lo que ellos llamaban política, aquello de hacer lo que el rey diga, porque lo dice. Hasta que dejaba de ser rey. Las apariencias al servicio de la corte y los buenos modales hasta para acabar con la vida de los rivales. Alcobas repletas de infidelidades e incestos, donde la lujuria y la perversión campaban a sus anchas. Una forma de vida basada en la sumisión de los más débiles hacía sus dueños. Ni sus vidas les pertenecían.

Cuentan las leyendas, que los dragones arrasaban aldeas, luchaban contra los caballeros que partían a matarlos y que a veces, muy pocas veces, algún humano los domaba y conseguía montarlos. Sus fauces escupían fuego, incinerando todo cuanto tocaban, dejando un rastro de tierra quemada, olor a destrucción y sabor a azufre. Los cielos se teñían de rojo, dejando el ambiente pesado e irrespirable. Subía la temperatura, asfixiando la tierra y sus gentes, convirtiendo sus vidas en una pesadez constante.

Cuentan las leyendas que un día desaparecieron. Sin explicación, sin dejar rastro. No volvieron a verse. La temperatura bajó, los miedos se fueron perdiendo, y la sociedad evolucionó. Los Reyes y señores dejaron de serlo, la plebe se transformó en sociedad libre, pudiendo decidir su destino. Y la historia nos regaló una vida mejor, conforme pasó el tiempo.

Cuentan las malas lenguas, que los dragones no existieron, que la sociedad jamás fue libre, y que los poderosos siguen dirigiendo nuestras vidas. Yo solo sé, que esta calor debe venir de algún lugar, y a mi me pareció ver unas alas gigantes surcando los cielos. Quizás haya vuelto el tiempo de los Dragones…

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Últimas voluntades

Viaje tras viaje, hemos llegado aquí. Después de recorrer media península a lomos de la ilusión, en compañía de los Pellejeros, (unas veces fuimos más, otras menos), llevando siempre con nosotros el recuerdo de los buenos ratos y del tiempo ganado, dejamos atrás Portugal nos colamos de lleno en Ojén. Y Ojeando mucho, este año toca de nuevo festival. Durante el día, vamos de plaza en plaza rellenando nuestros vasos de música y cerveza. Buscamos los mejores sitios dónde comer, para copar las mesas de suculentos platos, aderezados con charlas y confesiones, de perdones y alguna que otra lágrima. Rodamos durante el día entre alcohol y risas, sabiendo que llegará una noche sin fin, que nos llevará hasta el escenario principal y el amanecer. Espero no equivocarme mucho un mes antes de que todo ocurra. En lo que no me equivocaré será en esto…
Casi cierra el círculo el más pequeño de los diez, aunque deberemos esperar un par de años para completarlo. Será justo el momento del regreso sin retorno del último de nosotros. Mientras tanto se entrecruzaran los círculos, comenzando otro que engarzará a la perfección con este sin cerrar, formando un infinito infinito que dejara nuestros nombres grabados a fuego en el tiempo. Quizás fuera casualidad que cada uno de nosotros estuviéramos en el mismo planeta que los demás y más importante aún, en ese mismo momento en que nuestras vidas coincidieron. Unidos desde que el recuerdo me permite, hemos conseguido pactar cuánto queremos perder cada uno para tener todos más. Envidiables y envidiados, es precioso oír hablar de nosotros como algo infinito pero tan reales cómo los miedos que tenemos. Porqué son los miedos los que hacen de nosotros algo imperfecto. Imperfección que encajamos a la perfección con el corazón de por medio. Ni las palabras ni las manos tuvieron nunca un enemigo tan feroz, ni el ruido una voz tan grande para acallarlo. Por eso ahora que estamos tan cerca de la costa, y un poco más lejos de la juventud, no dejemos pasar ni una sola ola pensando que volverá. No seamos como el resto. Presumamos del tiempo que pasó y de lo que hicimos con él. Enorgullezcámonos de lo que hemos construido, de lo que tenemos y del legado que dejaremos. Que el recuerdo de estos Pellejeros llegue tan lejos, que hasta las canciones hablen de nosotros. O eso me pareció a mi al escuchar esta. Por eso una de mis últimas voluntades, es que quiero que suene y nos recuerden con esta estrofa:
“Una vez brillamos, se que una vez tuvimos todo, una vez que fue una eternidad”

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Niño Pati

Te toca a ti.

Ahora que afeitaste la barba y dejas asomar la cara de niño, cumples un año más. Este 29 de Mayo es algo especial porque  coincides con la llegada del décimo miembro. No, no es tu Shaira, es Juanjo, y las coincidencias no existen. Tal vez sea una señal de buena suerte, de ahí que hayas vendido el piso, que lleves una temporada sin levantarte a las 5 de la mañana, y que se te vea más feliz que nunca. Porque quizás no lo has notado, pero los que te queremos nos hemos dado cuenta de que algo en ti ha cambiado. Lo mismo es madurez, a pesar de esa cara de niño o puede ser que te vayas dando cuenta de las cosas verdaderamente importantes de la vida. Una de ellas, la amistad, la verdadera. Esa con la que no se negocia, a la que no se le saca más beneficio que el tiempo que se comparte. De ahí que nos hayas abierto las puertas de tu casa, dándonos lo mejor de ti. Cobijo, hospitalidad y la mejor fideuá. Sí. Se te ve feliz y ojalá esa felicidad sea para siempre. Creo que ese deseo es el mejor regalo que te podemos dar tus Pellejeros. Porqué nos gusta verte así y porqué tu alegría es la nuestra. Como a todos, te queda mucho por vivir, por aprender y por mejorar. Sigue creciendo y sigue haciéndolo a nuestro lado.

Para el Niño Pati, de sus Pellejeros.

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Masini

14 de mayo de 2023. Domingo, cumpleaños. No podía ser de otra manera así que suena música. Cambié a Serrat, a Carlos Godoy y Alberto Cortez, por Arde Bogotá, Maryland o Luis Brea. Lo que sea, pero música. Uno de esos lazos que aún nos une. Tú allí. Yo aquí. Y en medio, todo lo demás. Los recuerdos con sonrisas asociadas. La imagen viva de un padre inteligente al que la suerte la dio la espalda. Tus manos apartando las cortinas tras las que nos escondíamos, los domingos de peña, la furgoneta de Phoskitos sin sillones atrás, en la que jugábamos a esquivar las luces que entraban por las ventanillas, el viaje a Valencia en el que descubrí lo largo que era un kilómetro y aquella subida al Veleta en la Honda, desde dónde casi tocamos el cielo. Años de felicidad en los que la inconsciencia de la edad no nos dejaba ver la otra parte de la historia. Y de ahí al infierno. Porque lo malo también tiene memoria aunque de lo malo ya hemos hablado muchas veces. Tantas, que ahora sé que no vale la pena recordarlo. Me quedo con la felicidad, con las sonrisas, con la música. Me quedo con el echarte de menos, con desearte que estés mejor de lo que estuviste por aquí y me quedo con el amor que aun te siento. Ahora que sé que vigilas mis noches, que cuidas mi casa, que me guardas, sabrás, que en un día como hoy, Masini sigue sonando…

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INDIE AL DESCUBIERTO EL FESTIVAL NARANJA

Cuando elegimos el color naranja para la imagen del primer festival de Indie al descubierto, no pudimos estar más acertados. El naranja aporta espíritu de independencia, «indiependencia» en nuestro caso, los «Indiscubiertos». El naranja es el color de la energía constructiva y creativa. Esa energía que desprende mi querido «socio» y amigo José Luis, el creador de un gran programa de música indie nacional, del que tengo el honor de ser colaborador, y que juntos nos ha llevado a convertir un sueño en una realidad, y «construir» este festivalazo. El color naranja representa actividad creatividad y originalidad, así se define el arte de los músicos que pasaron por el escenario del festival. El naranja tiene relación con la sociabilidad, la extraversión, el entusiasmo y la cercanía. Atributos que sin duda definen a la buena gente de Cúllar Vega. El color naranja representa principalmente la alegría, el entusiasmo y lo divertido. Fue así como nosotros vivimos el festival, esperamos que también lo experimentaran todos los asistentes al evento. Al color naranja también se le atribuye la energía positiva y llena de vida, capaz de promover buenas conversaciones y momentos memorables, como los que sucedieron en esta primera edición. El naranja se ha relacionado con lo exótico, lo que no genera agrado para todas las personas, pero eso a los indies siempre nos ha dado igual…

Gracias por colorear con naranja este Festival Indie al descubierto: José Luis Borja Indie al descubierto Ayuntamiento de Cúllar Vega Diputación de Granada Nos Vemos En Primera Fila Estenopeica, D’Baldomeros, El Niño Erizo, Señor Torrance, Vanessa Villegas y Bazar de Duendes, Sombra Doble, Dj JaviRey y Staff de «Pellejeros».

Un relato de Sergio, Un Indie en Granada.

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El sueño

Era 6 de Mayo muchos días antes, y en la imaginación de Luis y de todos nosotros, desde hacía meses.

Sergio y su Indie en Granada aterrizó el viernes, y como caído del cielo, se ha convertido en la otra mitad, ayudando a convertir Indie al descubierto, en algo más que un programa de música. Las bandas llegaron al sábado entre calor, nervios e ilusión. Nosotros le sumamos el estrés de prepararlo todo para que saliera bien, intentando no dejar cabos sueltos aunque nunca se ata todo del todo. Escenario recortando el horizonte, trazando la línea entre el cielo y suelo, entre el artista y el público. Un altar desde dónde las bandas nos verían verían disfrutar con su música. Cielo luminoso para dar brillo a tanto cuanto habría de ocurrir. Sonorizaron a la par que montamos la barra. Calor desde primera hora que habríamos de acallar con cerveza fría y copas. Una tras otra la bandas afinaron, pasando las horas entre ensayos y un sol que quemaba tanto cómo la impaciencia de ver cada vez más cerca el momento. Frigoríficos repletos de ganas, cubiteras llenas de ilusión y camisetas negras recordándonos en todo momento dónde estábamos. Sonreímos nerviosos cuando dieron las 4 de la tarde.

Con Sergio empezó todo. Una sesión de dos horas repleta del indie transitado por el programa en unos pocos meses. Novedades casi recién paridas fueron el camino hacia “Niño Erizo”, que fueron los primeros en subir al escenario. Sobrios y potentes, sin dejarse apabullar por un sol que ardía, nos mostraron su mejor repertorio a pesar de una voz que le abandonó antes de tiempo.  Dieron paso a “Señor Torrance”, irónicos, divertidos, festivaleros. Guitarras dando cuerpo a su música, abrazados a un rock que hizo las delicias de un público que aumentaba por momentos. Llegó “Estenopeica” y su club de fans, haciéndolos bailar y regando el anochecer, con sus temas luminosos y reivindicativos. Su voz clara atrajo la noche, y con ella, “Vanesa Villegas y bazar de duendes”. Garganta prodigiosa para el grupo local, versionando con potencia canciones que todos conocían aderezándolas con las suyas propias. Para entonces ya éramos muchos los que allí estábamos, y la calor hacía tiempo que había huido. “D`baldomeros” emergieron de la oscuridad y mezclando su rock con la electrónica, hicieron bailar hasta la luna. Sonido para no dejar de moverte. Y lo consiguieron. A las hora bruja, “Sombra doble” tomó el control, versionando los  temas indies que todos conocemos. Canciones incombustibles moldeadas a su antojo, sin perder el espíritu original con que se crearon. Toda una oda a la música indie. El final vino de la mano de un debutante. “DJ Javi Rey” subió a un escenario repleto de miradas y expectativas, y supo con maestría, mezclar el indie patrio con un surtido de tecno, pinchando una sesión original e inolvidable.  Dicen las malas lenguas, que entre todos juntamos 1500 personas, todo un éxito para la primera edición del festival “Indie al descubierto”, porque repetiremos seguro, y el próximo año, otros grupos subirán al escenario, esperemos que con las mismas ganas e ilusión, que lo han hecho los de este.

Gracias a todos por hacer realidad un sueño.

Justo enfrente, andábamos nosotros, los Pellejeros. Detrás de una barra que vería el espectáculo de otra forma. Con los mismos nervios que las bandas, con las mismas ganas que las bandas y con la misma ilusión. Y salió bien, como no podía ser de otra forma. Tal vez la gente no sepa el significado de la verdadera amistad. Quizás nosotros mismos no seamos conscientes de lo que tenemos. Y a mi me faltan las palabras para describirlo. Pero estoy seguro que todos sabéis a lo que refiero. Sergio, alguien de fuera lo ha visto a la primera. Formamos parte de algo indescriptible. Días después sigo buscando recuerdos tras las sonrisas que me dejó el sábado, y me ilusiona saber que hemos conseguido cumplir un sueño. Eso no se hace todos los días ni lo hace todo el mundo. Quizás con el paso del tiempo, seamos conscientes de lo que hemos hecho y sobre todo de lo que tenemos. Gracias a tod@s por el esfuerzo y el trabajo realizado, antes, durante y después. Esto no ha hecho más que empezar. Este es el primero de muchos, y estoy seguro que con ese esfuerzo, trabajo, ganas e ilusión, haremos de este festival, algo tan grande como nuestra amistad.

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El chico

Tan guapo que parecías una niña. Esa niña que tanto deseaba mamá, aunque se ha tenido que conformar con 3 de nosotros. Y no es poco. Llegaste cuando Naranjito, precediendo un mundial que no ganamos. Eras nuestro juguete, el pequeño, al que cuidábamos y chinchábamos a partes iguales, demostraciones todas de amor. Te vimos crecer a pesar de dejar de comer, y de aquella medicina que te dieron y que arrasó con tus dientes. Años duros para ti y mamá, que ya sufría contigo. Preocupada desde el primer día y aun lo está, por mucho que hayas crecido y madurado. Porque por muchos 41 años que hayan pasado, sigues siendo el chico. Aquel chico que no conoció a bien a su padre. Aquel pequeño que abandonó el hogar, huyendo y buscando un futuro mejor. Rebelde y tozudo, inteligente y emprendedor. No te imaginas cuánto te pareces a tu padre, por mucho que quieras alejarte de él, ni te imaginas cómo siento que no lo conocieras bien, porque te perdiste una gran persona. Te aseguro que te quería mucho, aunque olvidara querernos a todos. No se lo tengas en cuenta. Todos cometemos errores y todos merecemos perdón. Espero que tú me hayas perdonado por los míos. Porque aunque pareciera lo contrario, te quise, te quiero y te querré. Para eso eres el chico…

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Capicua

Es uno de los nuestros por muy gabirro que sea. Desde su atalaya en lo más alto de un campo de golf, divisa un horizonte recortado por montañas y por la ciudad que duerme a los pies de la Alhambra. Barcalo es su grupo sin ser él artista, aunque su apellido inspiró para una serie. Y es que los Garcías dan para mucho. Fue el penúltimo de ellos, nexo de unión de todos. Tiene titulín y cree que con él puede domar el mar a bordo de su embarcación, esa que sólo unos pocos privilegiados han llegado a ver. Dice que juega bien al squash, esperemos que mejor que al pádel, aunque ahora le ha dado por el golf, en el que parece ser que también triunfa.  El pellejo es otro de sus hobbys, faltas incluidas, y los pellejeros sus amigos, o eso dice él. Y estoy seguro de que así es. Porque este Pedro de cabeza plateada, como los gorilas alfas, se hace querer. Hace años que unió Cúllar, Gabia y Churriana, y trenzó una amistad indeleble tras varios Veranos Azules. Aún se arrepiente del Portugal que no vivió, y ojalá no vuelva a perderse ningún viaje más, porque sin ti, no es lo mismo. Casi cullero y pellejero de facto, aunque aun tenga que aprender a jugar. Y es que por muy gabirro que sea, es uno de los nuestros.

De tus pellejeros que te quieren.

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La sonrisa

Lunes.

Despertó el día arrastrándome a mí con él, abandonando mis sueños a su suerte, mientras mis ojos trataban de abrirse paso entre la claridad de la mañana. Suelen ser los sueños reflejo de nuestra realidad. El cansancio, los agobios, las obligaciones, el estrés, la falta de lugar, o la simple falta…; todo aquello que nos reste felicidad y nos lleve por el sendero de la incomodidad y la infelicidad, tiene el poder de transformar nuestro sueño en pesadillas. Si, por el contrario, vivimos en un estado de tranquilidad, de paz rutinaria, de felicidad propia y ajena, de actitud positiva, conseguiremos que nuestro descanso se llene de buenos sueños. Ángeles y demonios conviviendo en el hueco de la almohada, esperando asomar cada noche al cerrar los ojos. Yo llevaba un tiempo en el que mis demonios ganaban la partida por goleada, y no encontraba ni una sola pluma que me dijera, que algún ángel, había pasado por allí.

Atronaba la alarma del móvil entre el murmullo incesante de la ciudad y yo era incapaz, aun, de alargar el brazo para acallarlo. Me sentía pesado, como los meses, o los años, ya había perdido la cuenta, que se habían vertido sobre mí, como una pequeña película de aceite que te vuelve resbaladizo e impermeable, impidiendo que nada entre, pero tampoco que salga. Yo era como una caja fuerte en la que no había nada de valor que guardar, tan solo indolencia y desesperanza. Así me encontraba y así me sentía, indolente e impermeable a la vida, desesperanzado y huidizo de ella. Quizás no quería reconocerlo, pero mi última ruptura me había dejado tocado, y su ausencia, había transformado mis sueños en pesadillas.

Mascullaba “otro día…” cuando por fin silencié la alarma, y mientras algunas pesadillas trataban de aferrarse a mi memoria, me dirigí al baño, tratando de espantarlas con el agua que lavó mi rostro e intentó espabilar mis sentidos. Traté de sacudirme aquel vacío mientras miraba mi reflejo en el espejo, ojeroso, cansado, e indeciso pensaba: afeitado o café. No tenía tiempo para ambas cosas, y su recuerdo volvió a la vida. Si ella estuviera aquí, no tendría que decidir, porque mientras me afeitaba, ella hubiera preparado el café y lo hubiéramos tomado entre risas y besos. Me engañaba maldiciendo el estrés, maldiciendo el trabajo, maldiciendo los lunes, los martes o cualquier otro día de la semana sin ella, y maldecía la vida que me ha tocado tras su marcha. Pero lo cierto, era que todo lo malo que me ocurría, era porque ella no estaba. Con ella a su lado, nada de esto era malo. Y ahora, necesitaba volver a respirar, a ser feliz, a sentirme vivo.

Entre pensamiento y pensamiento, me vestí, y afeitado, cerré la puerta de nuestro piso. Perdón, de mi ahora piso. Miré el reloj, llegaba justo para coger el bus, y mientras me dirigía al ascensor, repasaba mentalmente, las tareas pendientes. Trabajo, compras, limpieza, deporte y otras obligaciones impuestas y autoimpuestas. Necesitaba mantener mi mente ocupada para no caer en el vacío de su ausencia, ni en los recuerdos de una felicidad a su lado, ahora ficticia, porque si algo tienen los recuerdos, es que los sentimientos que despiertan, son todos mentira. Bajo la piel de lo que fue, no busques la carne que cubría, porque ya no existe. Sólo quedan los restos de un cuerpo deseado al que ahora no puedes tocar, ni tan siquiera ver. Sólo son vestigios del paraíso que habitabas y que ahora queda muy lejos, por muy real que parezca lo que sientes al rozar tu memoria, y es que, como dice la canción: “nunca fue real lo recordado”. “Ascensor averiado”, rezaba el folio de la puerta. “Maldita sea, maldita sea…” balbuceaba mientras bajaba las escaleras de tres en tres, desde el ático dónde vivía. Todo me salía mal de un tiempo a esta parte. Seamos sinceros, justo desde el día que abandonó el piso y mi vida.

El sol me embistió el salir del portal, y entre sus rayos, pude ver el autobús llegar. Corrí para no perderlo, mientras buscaba las gafas de sol. Me las había dejado en casa. En los bolsillos sólo encontré un pañuelo usado, calderilla y, de nuevo, un puñado de recuerdos. Ella siempre me preparaba todo lo que me haría falta al salir de casa, y siempre acertaba, hasta las veces que ponía en mis manos el paraguas asegurando que ese día llovería a pesar del cielo limpio de nubes. Jamás llegué a casa mojado cuando el cielo se tornaba negro, pero desde su partida, era raro el día que no llegaba empapado a pesar de no caer ni una sola gota. “Que mala suerte” pensé mientras pagaba y subía al bus. Tenía coche, pero de ella me quedó la costumbre de desplazarme en autobús. Decía que el transporte público, además de contaminar menos, era el refugio de miles de historias, y si prestabas atención, podrías descubrirlas todas en los rostros de los pasajeros, y quien sabe sino encontrarías a alguien que te salvara la vida cuando más lo necesitaras. Le encantaba cuchichearme al oído la vida que ella imaginaba para uno de nuestros compañeros de viaje, elegido al azar. Era un juego que nos hacía el trayecto más ameno y corto, porque entre risas y complicidad, el viaje pasaba volando, aunque yo deseaba que no terminara jamás. Nos agarrábamos fuerte de la mano para no caer y sentirnos seguros, y nunca imaginé que nos soltaríamos para siempre. Coger el autobús cada mañana era un arma de doble filo. Por un lado, no quería traicionar su recuerdo dejando de hacer algo que a ella le gustaba que hiciese, y, además, eso me la traía a la cabeza cada vez que subía al bus; pero por otro, ese mismo recuerdo me producía dolor, al pensar que lo subía solo, sin agarrones de manos, sin historias que descubrir, sin palabras al oído. Ahora lo tomaba sin ella y por eso lo hacía de mala gana.

Serio y enfadado, busqué donde sentarme, pero fue imposible. El autobús iba completo, y a cada arrancada y frenazo, los cuerpos de mis compañeros de viaje, se golpeaban entre sí, como bolos anclados que nunca llegan a caer. Mi enfado subía peldaños, enojado con el día, la vida, las responsabilidades y su ausencia. Mi malhumor subía de nivel, presa del miedo por el abandono, triste por no saber salir de este pozo y derrotado por no ser capaz de luchar. Me sentía derrotado por mi propia derrota. No sabía cómo escapar de aquella situación, no encontraba la forma, ni tenía las herramientas. Gozaba de buena salud, tenía un buen trabajo, un mejor sueldo, un piso ya pagado, un círculo de amigos envidiable, que me querían y a los que yo quería, y una familia maravillosa, y a pesar de todo esto, me sentía vacío, nada me llenaba, ni me hacía feliz, y aquella sonrisa que siempre me precedió, se tornó en semblante amargado, enfadado con todo y con todos. Para mí, la vida se había vuelto triste, hastía y condenadamente pesada.

Caminaba perdido entre mis pensamientos cuando su mirada me rescató. Nos separaban escasos metros y un mar de brazos en alto, todos agarrados a la barra del autobús, intentando mantener el equilibrio y tratando de impedir que la inercia los derribara. Entre nuestras miradas, se cruzaron cabezas y brazos al son de las curvas, cuerpos extraños que fueron incapaces de desconectarnos durante todo el trayecto. Ella sonreía, mientras me miraba, y yo enrojecía, sin apartarle la mirada. Aquella sonrisa, iluminó aún más el día, y una parada antes de la mía, sin emitir sonido alguno, pude leer en sus labios, “buenos días”. Las palabras resbalaron mudas por su boca, lentas, alegres, sanadoras. Y por un momento olvidé. Por un momento dejé de recordar. Y como por arte de magia, la sonrisa retornó a mi boca, contagiada por la suya, inundando mi rostro de felicidad. Las comisuras de los labios se estiraron, buscando mis orejas, dibujado un arco perfecto y dejando asomar mis dientes, en un ejercicio de risa que hacía tanto habían olvidado. De golpe, la maraña de malos sentimientos se desenredó. Uno a uno, fueron cayendo el nudo de la desesperanza, el enredo de la infelicidad, y el lazo del cansancio. Mi alma se sentía de nuevo libre, sin ataduras, y lo más importante, en paz. Sin esperarlo, se desplegó ante mí una sábana limpia, lisa y suave. De repente, volví a ver las cosas claras, y un nuevo lienzo de descubría ante mis ojos. La vida volvió a latir, al igual que mi corazón, y sentí de nuevo ganas. Ganas de seguir adelante, ganas de sentirme vivo, ganas de ser feliz y hacer feliz a los demás. Ganas, porque las ganas, son las razones que nos mantienen en pie, esa “hambre invisible” que nos lleva a seguir escalando por la montaña de la vida, a pesar de todas piedras en el camino.

 Anunciaron la siguiente parada y ella se dirigió a la puerta de salida. Fue entonces cuando me percaté de su muleta. Se manejaba perfectamente entre la jauría de piernas que la rodeaban, esquivándolas con elegancia y no tropezando ni una sola vez. Y todo, con su sonrisa en la boca. La pierna que le faltaba, no le restaba ni un gramo de belleza y menos aún, de felicidad, que la repartía sin complejos, inundando aquel autobús con su radiante luz. Nos detuvimos y bajó en aquella parada con agilidad inusitada, sin que aquella falta fuera un obstáculo para ella, todo lo contrario, se le veía la persona más ágil y feliz del mundo. La busqué entre la maraña de brazos y cabezas para no olvidar su rostro, y a través de una de las ventanas, pude ver, como me buscaba, sonrisa en mano. No podía dejar de mirarla y ella lo sabía. Sonrió aún más y me sacó la lengua, de forma cariñosa y burlona a la vez, y volvió a hacerme sonreír. No recuerdo como fue el trabajo aquel lunes, ni recuerdo el ajetreo, si es que es lo hubo, ni el estrés, si es que lo tuve, ni me hicieron falta mis gafas de sol. Sólo pensaba en su sonrisa, en cómo me cambió el día y mi actitud, y como unas palabras dichas con cariño pueden borrar enfados, enojos y malos sueños.

Martes y el resto de la vida.

Desperté antes de que amaneciera el día, sin ángeles ni demonios en mi cama, sólo yo. Había descansado como no lo hacía en mucho tiempo y una tranquilidad casi olvidada, me regaba, dotándome de la paz y la felicidad que llevaba buscando tanto tiempo. Me senté a desayunar tranquilo, y mientras rememoraba lo ocurrido, ella volvió a mi mente. Pero esta vez, no hubo sentimiento de culpa, ni pesadez en su ausencia, ni su abandono me causó desasosiego. Mientras tomaba café, pude desprenderme de aquella película impermeable que tanto me había aislado del mundo y de la vida, y a pesar de ser tan temprano, mandé unos mensajes de “buenos días” a mis amigos y familiares. Sonreí pensando que a alguno despertaría con aquel mensaje. Mientras me afeitaba, miraba mi rostro en el espejo, pensando en lo rápido que pasa el tiempo y cuánto lo había perdido yo. Pero la tristeza es lo que tiene: te hace perder lo más valioso que tenemos. Salí de mi casa con las gafas de sol en la mano y me bajé directamente por las escaleras, de dos en dos, rumbo a la calle, directo a la vida, que ya empezaba a despertar otra mañana más. Cogí el autobús, a estas horas casi vacío, y saludé con una sonrisa en la boca, a los pocos que allí estábamos. Algunos respondieron, otros apenas podían abrir los ojos, presas aún del sueño. Pasé el trayecto intentando adivinar la vida da alguno de los pasajeros, y cuando me quise dar cuenta, ya había llegado a mi destino. Una lástima, porque ya tenía casi confeccionada la vida de más de uno. Bajé y fui en su busca. Atravesé la puerta de entrada y me dirigí a ella. Llevaba mucho tiempo sin visitarla, pero no había olvidado el camino. Los primeros rayos de sol comenzaron a asomar y me puse las gafas de sol. Su lápida se tornó de un tono rojizo con ellos. Le pedí perdón por no haberla visitado durante todo este tiempo. El dolor no era excusa para no haberlo hecho, pero me había perdido tras su muerte, y no tenía ni la fuerza, ni el valor para venir. Le hablé de mis demonios, de cuanto la echaba de menos, del dolor que me producía su ausencia y de cuanto sabía yo, que le dolía verme así. Y le di las gracias, por el tiempo a su lado, por la felicidad que me brindó y por venir a rescatarme más allá de la muerte. Le conté que llevaba razón (como siempre) cuando decía que en un autobús podríamos conocer a alguien que nos salvara la vida. Hablamos de mil cosas y le hice la promesa de que volvería a visitarla. El sol lo inundaba todo cuando regresé a la parada. Miré la hora y subí al autobús, sabiendo perfectamente donde debía bajarme. Volví a sonreír. Iba radiante, feliz y en paz, pensando en aquella chica y su  muleta.

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Leyenda y tradición

Cuenta la leyenda, que resucitó hecho niño. Que regresó a los brazos de su madre entre lágrimas de alegría, porque encontró lo perdido, porque le devolvieron lo arrebatado, porque la vida retornó tras la muerte. El hombre crucificado y la madre devota. Niño Jesús y María Madre, resucitando en domingo, bailando frente a frente celebrando la felicidad.

Cuenta la leyenda, que en un pueblecito de la Vega de Granada, lo hicieron a su imagen y semejanza, aupándolo a lo más alto, y junto a San Miguel, guardan nuestra iglesia. Escoltado por culleros, sube a las alturas cada Semana Santa, y en su último día, prende las calles, convirtiéndonos a todos en petarderos.

Cuenta la leyenda, que en Cúllar Vega, el ruido se convierte en espectáculo y que el humo viste de gala el Domingo de Resurrección. Que los petardos son girones de sentimientos que se lanzan al paso del Resucitado, lágrimas vestidas de pólvora y chinos, tronando de alegría año tras año. El suelo nos teme y el cielo nos adora, y él, bueno, él, quiere resucitar otro año más, para sentir el calor de la gente de su pueblo, que a fuerza de recordar ha convertido una leyenda en tradición.  

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