Agonizaba agosto, derramando sus primeras lágrimas sobre nosotros, y esperaba el mini bus. Empapado y medio vacío, lo fuimos rellenando con la ilusión de quien va a ver a una de las mejores bandas en el panorama indie. Vídeo mediante, fuimos subiendo hasta completar la guagua con música y sonrisas. Chicos y grandes viajamos hasta Loja, donde un campo de fútbol acogía la actuación estelar de sus fiestas y de sus artistas más conocidos. Lori Meyers, tocaban entre su gente para el resto del mundo. Fueron de aquí y de allí, solo por verlos, solo para escucharlos. Y valió la pena. Transitaron sus mejores temas, entre la voz inconfundible de su vocalista, entre ese sonido con regusto a tiempos pasados y tan moderno a la vez, y un espectáculo de luces inolvidable. Guitarras sosteniendo la batería, o era al revés?, y el bajo sin saltarse las normas. Todo aséptico y a la vez grandioso. Sonido perfecto, sin una brecha por la que desafinar, grandilocuente en ocasiones pero sin llegar a empalagar. Un gran espectáculo de una gran banda. Los lojeños conquistaron su tierra y de nuevo mi corazón, en una noche limpia y estrellada.
Día jueves, seis después de Lori, L.A. nos esperaba en las alturas. El Hotel Barceló Carmen se vistió de gala para dar cobijo a dos festivaleros y alguna gente más. Las cervezas enfriaron nuestras manos y brindamos por la nueva aventura, por dejar atrás malos rollos, y sobre todo por un futuro que yo deseo que sea perfecto. La Alhambra observaba desde la lejanía, envidiosa de nuestra felicidad, y una Granada de ensueño, se mostraba más bella desde allí arriba. Las sillas se fueron ocupando de cobijar a los espectadores, y entre el anochecer y las campanas de la Virgen de las Angustias, comenzó el concierto. Solo guitarra y voz, no hizo falta nada más. Acústico familiar, cercano, con un Luis Albert inspirado. Su voz fue el timón y la guitarra el impulso. Sonido claro y fresco, como la noche que cayó sobre nosotros, y un despliegue vocal, al alcance de muy pocos. Nos llevó de la mano por los temas que queríamos escuchar y otros que no conocíamos, y todos, los sacó con nota. Aquella noche, una estrella se coronó entre estrellas, y nosotros nos fuimos con una sonrisa en la boca y pensando ya, en el próximo concierto.
Pd: A Gema. Agradecerte contar siempre conmigo y no dejarme sólo ante la música y sus estrellas.