Buscarnos más allá, cuando aún, no nos hemos encontrado aquí. La terrible infamia de desperdiciar el ahora por un después mejor, hipotecando nuestra alma por salvarnos, encontrando así sólo, nuestra destrucción. Una maraña de dudas, una bola de lana con la que juega el destino, que ronrronea de satisfacción sin dejar que desatemos la medeja. Deberíamos tratar de comprendernos más, de viajar tan adentro de nosotros mismos, que nuestro exterior, fuera la más bella incógnita. Nos escondemos tras la máscara de la vida. Ocultamos nuestros más bajos sentimientos entre la normalidad de los días. Y queremos hacernos creer que somos mejores de lo que somos porque tal vez así, seamos en realidad mejores. Pero sólo hay una forma de conseguir mejorar. Conociéndonos aquí y ahora. Ser conscientes de nuestra persona, sin querer ocultar nada. Convivir con nuestras virtudes y defectos, intentando mantener el equilibrio, viviendo en paz y sabiendo que en ocasiones la balanza se inclinará, pero si tienes la valentía de volver a equilibrarla, lograrás la paz que permitirá vivir plenamente hoy, sin preocuparte del mañana. El conocimiento propio,es la base del conocimiento ajeno…